Mi vida es un latir de poesía,
horizonte perdido de gaviota;
y solo el mar conoce la derrota
que la vistió de gris melancolía.
Es esa inacabada melodía,
que perdió su compás en una nota,
la vieja partitura yace rota,
herida en el umbral de su agonía.
Mis versos han llegado malheridos,
cruzando la frontera de lo adverso,
y dejo aquí sus últimos latidos.
A Crono pido, tiempo, renacer
por reconstruir los muros verso a verso
y contemplar un nuevo amanecer.
Solo por el placer
de ver al ave Fénix que se yergue...
¡Que en su dorado pecho el verso albergue!
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