ivoralgor
Poeta fiel al portal
Alguna vez pensé que el aliento compartido perduraba para siempre y me equivoqué. No solía pensar en la fragilidad del tiempo, ni en la mortalidad del amor. Sofía se encargaba de disipar ese tipo de cuestionamientos de mi mente. Cocinaba a todas horas: por las mañanas, el desayuno; al medio día, el almuerzo; por las noches, la cena; y cuando tenía antojos hacía tartas de frutas.
Suelo morir en el tinto que cada atardecer se me apetece. Alguna vez soñé que la piel se hacía etérea al discurrir las caricias después de amar y no es así. Cierra el alma cuando me beses me reclamaba cuando llegaba por las noches medio muerto después del trabajo. Jamás entendí a que se refería pero intentaba no desentenderme de su boca. Calla tus caricias al final del tiempo que no queda solía pensar antes de acariciar su desnudo cuerpo ligeramente reclinado en el sillón de la sala de estar.
No sé qué hacer con los besos que no te he dado escribía casi a diario después de que partió para no volver jamás. Alguna vez pensé que volvería, pero la vida sigue y el tinto se me apetece otra vez.
[video=youtube;HUA6t9swkVo]http://www.youtube.com/watch?v=HUA6t9swkVo[/video]
Suelo morir en el tinto que cada atardecer se me apetece. Alguna vez soñé que la piel se hacía etérea al discurrir las caricias después de amar y no es así. Cierra el alma cuando me beses me reclamaba cuando llegaba por las noches medio muerto después del trabajo. Jamás entendí a que se refería pero intentaba no desentenderme de su boca. Calla tus caricias al final del tiempo que no queda solía pensar antes de acariciar su desnudo cuerpo ligeramente reclinado en el sillón de la sala de estar.
No sé qué hacer con los besos que no te he dado escribía casi a diario después de que partió para no volver jamás. Alguna vez pensé que volvería, pero la vida sigue y el tinto se me apetece otra vez.
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