alejandro guardiola
Poeta adicto al portal
La vida se nos lleva el equipaje
de tantas arduas noches de trabajo
tatuando en lo profundo de las rocas
la forma de beber de un vaso roto
En cajas que el olvido ha sepultado
se muere una mañana, de repente
llega la tarde, triste, maldecida
y la noche, rompiéndote los sueños
La pluma se oscurece de repente
magullada por relojes contrahechos
y ese tablero de ajedrez, borracho
jugando sin saber, contigo juega
Solo queda el silencio que te nombra
una vez que del mundo tu has partido
un cirio temblón, con la llama incierta
y la familia que nunca te olvida
Pero queda del poeta su recuerdo
los poemas que en su vida, fue escribiendo
y una pluma olvidada en la mesita
fiel compañera, de sus tristes horas
de tantas arduas noches de trabajo
tatuando en lo profundo de las rocas
la forma de beber de un vaso roto
En cajas que el olvido ha sepultado
se muere una mañana, de repente
llega la tarde, triste, maldecida
y la noche, rompiéndote los sueños
La pluma se oscurece de repente
magullada por relojes contrahechos
y ese tablero de ajedrez, borracho
jugando sin saber, contigo juega
Solo queda el silencio que te nombra
una vez que del mundo tu has partido
un cirio temblón, con la llama incierta
y la familia que nunca te olvida
Pero queda del poeta su recuerdo
los poemas que en su vida, fue escribiendo
y una pluma olvidada en la mesita
fiel compañera, de sus tristes horas