Asklepios
Incinerando envidias
Esta vida “nos obliga”, por un lado, a sentirnos exitosos, a hacer saber a los demás que uno está ahí, y a uno mismo a que tiene valor, a que si está ahí es por algo, por alguna razón. También esta vida “obliga” a mantener y fomentar las relaciones con los otros, entendiendo esto, sino como la regla básica, sí como una de las reglas básicas con las que se desarrollará la felicidad en nuestras vidas.
Pero, ¿qué sentido tiene ese éxito social, ese llamar la atención del resto, esa constatación de la propia identidad y ese mantenimiento de las relaciones sociales con la felicidad, cuando no son más que sacrificios? La vida no tiene porque ser entendida desde premisas ni estoicas ni epicúreas. La vida, simplemente, ha de ser vivida a pesar de tanto y tanto obstáculo que nosotros mismos nos interponemos, no cada cual a sí mismo,-que también-, sino en cuanto esa red social de la que somos miembros.
Si apenas somos capaces de construirnos individualmente, ¿cómo es que nos atrevemos a construirnos, desarrollarnos, compartirnos y ejecutarnos con otros? Al hacerme esta pregunta bien se me pueda tildar de pesimista más creo que simplemente soy realista.
Entiendo que, hoy en día, están sobre valorados muchos aspectos de nuestra existencia, desde la importancia del yo hasta el amor mismo en sus múltiples significados y lecturas.
No dejamos de molestarnos, impedirnos,confrontarnos, enemistarnos, distanciarnos… mientras que, “de boquilla”, disimulamos pretendiendo ofrecernos, intimar, colaborar… día a día, lo que mejor se desarrolla es la mentira. No digo que no exista cierta comunión entre los seres humanos pero lo que es innegable es que, cada día que pasa, es más cierta su utopía que su realidad. Y lo peor de todo es que es ésta una realidad imparable. Estamos aquí desde hace ya mucho tiempo como meros espectadores de un final,-terrible final-, mientras “intentamos” pretender ser los que vamos a facilitar un nuevo comienzo muchas veces deseado, el inicio de futuras épocas mejores. ¡ Con que facilidad nos engañamos! Si nuestro estar aquí es para algo, es por algo, por qué no se nos ha facilitado la respuesta. Si se nos ha encomendado una misión, ¿por qué no nos ha sido re-velada?. Quizás nuestro existir sea simplemente estar y si es así, que al menos se nos enseñe el como estar por estar.
Sea como fuere, a todos en nuestro diálogo con nuestra voz interior,-supongo que la tenemos todos-, unas veces coincidimos en decidir no hacer nada, otras en ponernos en modo acción… pero la mayoría de las veces es la confrontación la que alimenta nuestra coexistencia, al menos en mi caso. Cuando así sucede no dejo de preguntarme quién de las dos voces es la que mejor sabe vivir de las dos, las voces o yo.
Esta construida “realidad” nos obliga. El mundo carnal, el mundo material es la prisión de nuestro espíritu, de lo que realmente somos. Mientras esto siga siendo así, difícil-mente dejaremos de vivirnos insatisfechos, tristes y derrotados.
La pena es que seguimos sin saber cómo salir de aquí.
Pero, ¿qué sentido tiene ese éxito social, ese llamar la atención del resto, esa constatación de la propia identidad y ese mantenimiento de las relaciones sociales con la felicidad, cuando no son más que sacrificios? La vida no tiene porque ser entendida desde premisas ni estoicas ni epicúreas. La vida, simplemente, ha de ser vivida a pesar de tanto y tanto obstáculo que nosotros mismos nos interponemos, no cada cual a sí mismo,-que también-, sino en cuanto esa red social de la que somos miembros.
Si apenas somos capaces de construirnos individualmente, ¿cómo es que nos atrevemos a construirnos, desarrollarnos, compartirnos y ejecutarnos con otros? Al hacerme esta pregunta bien se me pueda tildar de pesimista más creo que simplemente soy realista.
Entiendo que, hoy en día, están sobre valorados muchos aspectos de nuestra existencia, desde la importancia del yo hasta el amor mismo en sus múltiples significados y lecturas.
No dejamos de molestarnos, impedirnos,confrontarnos, enemistarnos, distanciarnos… mientras que, “de boquilla”, disimulamos pretendiendo ofrecernos, intimar, colaborar… día a día, lo que mejor se desarrolla es la mentira. No digo que no exista cierta comunión entre los seres humanos pero lo que es innegable es que, cada día que pasa, es más cierta su utopía que su realidad. Y lo peor de todo es que es ésta una realidad imparable. Estamos aquí desde hace ya mucho tiempo como meros espectadores de un final,-terrible final-, mientras “intentamos” pretender ser los que vamos a facilitar un nuevo comienzo muchas veces deseado, el inicio de futuras épocas mejores. ¡ Con que facilidad nos engañamos! Si nuestro estar aquí es para algo, es por algo, por qué no se nos ha facilitado la respuesta. Si se nos ha encomendado una misión, ¿por qué no nos ha sido re-velada?. Quizás nuestro existir sea simplemente estar y si es así, que al menos se nos enseñe el como estar por estar.
Sea como fuere, a todos en nuestro diálogo con nuestra voz interior,-supongo que la tenemos todos-, unas veces coincidimos en decidir no hacer nada, otras en ponernos en modo acción… pero la mayoría de las veces es la confrontación la que alimenta nuestra coexistencia, al menos en mi caso. Cuando así sucede no dejo de preguntarme quién de las dos voces es la que mejor sabe vivir de las dos, las voces o yo.
Esta construida “realidad” nos obliga. El mundo carnal, el mundo material es la prisión de nuestro espíritu, de lo que realmente somos. Mientras esto siga siendo así, difícil-mente dejaremos de vivirnos insatisfechos, tristes y derrotados.
La pena es que seguimos sin saber cómo salir de aquí.