Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora son tus labios los que silentes se envuelven
y dejan ahogados los míos,
musitando calladas palabras,
para ver si dormidas se quedan dentro de tu almohada.
y dejan ahogados los míos,
musitando calladas palabras,
para ver si dormidas se quedan dentro de tu almohada.
Si hoy el silencio son tus palabras
déjame quedar en ellas,
hasta que los trinos anuncien el alba,
déjame quemarlas dentro,
hasta que alaridos surjan desde mis entrañas.
déjame quedar en ellas,
hasta que los trinos anuncien el alba,
déjame quemarlas dentro,
hasta que alaridos surjan desde mis entrañas.
Sosiega a este anacoreta,
que sonríe sin ganas,
ante el incierto paisaje que os depara,
cerca de tus pasos,
pero tan lejos de tu alma.
que sonríe sin ganas,
ante el incierto paisaje que os depara,
cerca de tus pasos,
pero tan lejos de tu alma.
Músico de mis labios,
pretenden una fábula inanimada,
que hurga apetente entre tus faldas,
susurrando encendidas armonías,
que se enredan sigilosas entre mis sábanas.
pretenden una fábula inanimada,
que hurga apetente entre tus faldas,
susurrando encendidas armonías,
que se enredan sigilosas entre mis sábanas.
Misteriosos son los designios,
que desiertos van apoderándose de la árida llamada,
antes escuchada con chispas que disparaban,
hoy desencantada holgazanea atenuando la mirada.
que desiertos van apoderándose de la árida llamada,
antes escuchada con chispas que disparaban,
hoy desencantada holgazanea atenuando la mirada.
Boca enmudecida queda impávida,
sin siquiera recitar una plegaria,
ante el inminente acantilado abierto ante mis palmas,
que aparca esta silenciosa y quemante escarcha
sin siquiera recitar una plegaria,
ante el inminente acantilado abierto ante mis palmas,
que aparca esta silenciosa y quemante escarcha