Anne_
I killed Bukowski.
Abrí la puerta de la habitación, y la habitación era negra,
negra como la noche misma, y en el medio de ella,
seis velas blancas rodeando una silla mecedora decrepita,
decrepita como la vieja que la ocupaba,
la ocupaba meciéndose lentamente
con la cabeza hacía atrás y los ojos en blanco.
Aturdida de las sombras, producto de las velas,
y esbozando una satánica sonrisa,
alzó los brazos rugosos
y con voz chillona y maloliente, me dijo:
-Ven aquí niña, te estaba esperando.
Erizada y petrificada, rompí en un grito infernal
y despavorida cerré la puerta y salí corriendo,
tropezaba por los pasillos destilando hedor a pesadillas.
Bajé las escaleras y llamé al administrador del hotel,
y le dije:
-Pendejo, me has dado una habitación negra,
negra como la noche misma, y en ella,
hay una vieja de ojos blancos en una mecedora rodeada de velas.
Anonadado e incrédulo, me miró fijamente, así que le tomé del brazo
y lo arrastré conmigo hacía la habitación.
Se colocó detrás de mí, y yo giré la perilla de la puerta, y al abrirse,
ahí estaba la habitación negra,
negra como la noche misma, y en el medio de ella,
seis velas blancas rodeando una silla mecedora decrepita,
decrepita como la vieja que la ocupaba,
la ocupaba meciéndose lentamente,
con la cabeza hacía atrás y los ojos en blanco.
Aturdida de las sombras, producto de las velas
y esbozando una satánica sonrisa,
alzó los brazos rugosos
y con voz chillona y maloliente, me dijo:
-Ven aquí niña, te estaba esperando.
Giré sobre mis pieseses para ver el rostro del pendejo ese detrás de mí,
pero sólo hallé una habitación negra,
negra como la noche misma, y en el medio de ella,
seis velas blancas rodeando una silla mecedora decrepita, vacía.
Caminé lentamente hacía ella, y con sosegada desconfianza, me senté,
y al levantar la mirada, ahí estaba la vieja,
con los brazos rugosos extendidos hacía mí.
Pero su sonrisa ahora, era tierna y cálida, entonces supe…
Entonces supe, que la vieja era yo.
negra como la noche misma, y en el medio de ella,
seis velas blancas rodeando una silla mecedora decrepita,
decrepita como la vieja que la ocupaba,
la ocupaba meciéndose lentamente
con la cabeza hacía atrás y los ojos en blanco.
Aturdida de las sombras, producto de las velas,
y esbozando una satánica sonrisa,
alzó los brazos rugosos
y con voz chillona y maloliente, me dijo:
-Ven aquí niña, te estaba esperando.
Erizada y petrificada, rompí en un grito infernal
y despavorida cerré la puerta y salí corriendo,
tropezaba por los pasillos destilando hedor a pesadillas.
Bajé las escaleras y llamé al administrador del hotel,
y le dije:
-Pendejo, me has dado una habitación negra,
negra como la noche misma, y en ella,
hay una vieja de ojos blancos en una mecedora rodeada de velas.
Anonadado e incrédulo, me miró fijamente, así que le tomé del brazo
y lo arrastré conmigo hacía la habitación.
Se colocó detrás de mí, y yo giré la perilla de la puerta, y al abrirse,
ahí estaba la habitación negra,
negra como la noche misma, y en el medio de ella,
seis velas blancas rodeando una silla mecedora decrepita,
decrepita como la vieja que la ocupaba,
la ocupaba meciéndose lentamente,
con la cabeza hacía atrás y los ojos en blanco.
Aturdida de las sombras, producto de las velas
y esbozando una satánica sonrisa,
alzó los brazos rugosos
y con voz chillona y maloliente, me dijo:
-Ven aquí niña, te estaba esperando.
Giré sobre mis pieseses para ver el rostro del pendejo ese detrás de mí,
pero sólo hallé una habitación negra,
negra como la noche misma, y en el medio de ella,
seis velas blancas rodeando una silla mecedora decrepita, vacía.
Caminé lentamente hacía ella, y con sosegada desconfianza, me senté,
y al levantar la mirada, ahí estaba la vieja,
con los brazos rugosos extendidos hacía mí.
Pero su sonrisa ahora, era tierna y cálida, entonces supe…
Entonces supe, que la vieja era yo.
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