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Las dimensiones del sueño

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LAS DIMENSIONES DEL SUEÑO


Todos mis sueños,

los atroces, los húmedos, los no soñados...

caben entre mis brazos en cruz.

Mis manos se reflejan entre sí

como estrellas gemelas que nunca serán

abrazo.


El exorcismo antiguo del beso,

las gruesas elipses de los labios agrietados

por donde escapa mi lengua,

todo eso y mis infinitas vidas pasadas

cabrían en uno de mis sueños.


Tú, la infinita,

la cálida nube rosada

cabes, pura esencia,

en alguno de mis

sueños que se expanden

hasta caer, otoñales,

en la gota de lluvia

donde habito.


El rústico caballo de batalla

nacido, como yo, para la muerte

-peroyonosoytodavíaunrústicocaballodebatalla-

piafa y cocea a punto de desbocarse

y se desprenden de sus alas

las plumas de bronce

y las hojas que nacieron

de mis sueños,

como en un prematuro otoño.


Plumas u hojas broncíneas

de cromática sonoridad

caen sobre los ríos que me llevan

atravesando galaxias encendidas

o bandadas de luciérnagas en flor.

Sueños inacabables en el paréntesis

de una vida limitada.

Sueños paralelos tras el vacío que deja

un ferrocarril en marcha.

Sueños.


Mis dedos extendidos en raíces

buscan exuberantes subsuelos

en los que fertilizar los sueños.

Atraviesan sótanos y tumbas,

alborotan cadáveres a punto de morir,

avanzan oscuramente por los túneles del tiempo

sin encontrar su remanso.

Pobres, infinitos, limitados,

sueños míos.



Hengki_Koentjoro_paisajes_minimalistas_14.jpg



Ilust.: Fotografía minimalista de Hengki Koentjoro. “Paisaje de Indonesia”.​
 
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LAS DIMENSIONES DEL SUEÑO


Todos mis sueños,

los atroces, los húmedos, los no soñados...

caben entre mis brazos en cruz.

Mis manos se reflejan entre sí

como estrellas gemelas que nunca serán

abrazo.


El exorcismo antiguo del beso,

las gruesas elipses de los labios agrietados

por donde escapa mi lengua,

todo eso y mis infinitas vidas pasadas

cabrían en uno de mis sueños.


Tú, la infinita,

la cálida nube rosada

cabes, pura esencia,

en alguno de mis

sueños que se expanden

hasta caer, otoñales,

en la gota de lluvia

donde habito.


El rústico caballo de batalla

nacido, como yo, para la muerte

-peroyonosoytodavíaunrústicocaballodebatalla-

piafa y cocea a punto de desbocarse

y se desprenden de sus alas

las plumas de bronce

y las hojas que nacieron

de mis sueños,

como en un prematuro otoño.


Plumas u hojas broncíneas

de cromática sonoridad

caen sobre los ríos que me llevan

atravesando galaxias encendidas

o bandadas de luciérnagas en flor.

Sueños inacabables en el paréntesis

de una vida limitada.

Sueños paralelos tras el vacío que deja

un ferrocarril en marcha.

Sueños.


Mis dedos extendidos en raíces

buscan exuberantes subsuelos

en los que fertilizar los sueños.

Atraviesan sótanos y tumbas,

alborotan cadáveres a punto de morir,

avanzan oscuramente por los túneles del tiempo

sin encontrar su remanso.

Pobres, infinitos, limitados,

sueños míos.



Hengki_Koentjoro_paisajes_minimalistas_14.jpg



Ilust.: Fotografía minimalista de Hengki Koentjoro. “Paisaje de Indonesia”.​
Sueños enraizados, buscandoles una ubicacion y
dejandolos en esa eficacion de un recorrido don
se refundan esos espacios que producen anhelos
y a la vez rebeldia.
excelente como siempre, un lujo que deja el camino
abierto para esos paisajes del sueño.
saludos siempre de luzyabsenta
 
Hola, Carlos. Una vez más puntúas el camino de mis versos con la excelencia de tus palabras, haciendo jubilosa mi aventura poética. Ignoro la profundidad de mis sueños, pero con tu animosa compañía me atrevo a recorrerlos hasta el final. Un abrazo, querido amigo,
miguel
 
LAS DIMENSIONES DEL SUEÑO


Todos mis sueños,

los atroces, los húmedos, los no soñados...

caben entre mis brazos en cruz.

Mis manos se reflejan entre sí

como estrellas gemelas que nunca serán

abrazo.


El exorcismo antiguo del beso,

las gruesas elipses de los labios agrietados

por donde escapa mi lengua,

todo eso y mis infinitas vidas pasadas

cabrían en uno de mis sueños.


Tú, la infinita,

la cálida nube rosada

cabes, pura esencia,

en alguno de mis

sueños que se expanden

hasta caer, otoñales,

en la gota de lluvia

donde habito.


El rústico caballo de batalla

nacido, como yo, para la muerte

-peroyonosoytodavíaunrústicocaballodebatalla-

piafa y cocea a punto de desbocarse

y se desprenden de sus alas

las plumas de bronce

y las hojas que nacieron

de mis sueños,

como en un prematuro otoño.


Plumas u hojas broncíneas

de cromática sonoridad

caen sobre los ríos que me llevan

atravesando galaxias encendidas

o bandadas de luciérnagas en flor.

Sueños inacabables en el paréntesis

de una vida limitada.

Sueños paralelos tras el vacío que deja

un ferrocarril en marcha.

Sueños.


Mis dedos extendidos en raíces

buscan exuberantes subsuelos

en los que fertilizar los sueños.

Atraviesan sótanos y tumbas,

alborotan cadáveres a punto de morir,

avanzan oscuramente por los túneles del tiempo

sin encontrar su remanso.

Pobres, infinitos, limitados,

sueños míos.



Hengki_Koentjoro_paisajes_minimalistas_14.jpg



Ilust.: Fotografía minimalista de Hengki Koentjoro. “Paisaje de Indonesia”.​

Todo un mundo onírico, nos presentas, querido Miguel. Solo puedo alabar tu excelente manejo del leguaje y ese estilo que lleva tu personal sello. He disfrutado, como siempre, con la lectura del poema.
Abrazos
 

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