LAS DIMENSIONES DEL SUEÑO
Todos mis sueños,
los atroces, los húmedos, los no soñados...
caben entre mis brazos en cruz.
Mis manos se reflejan entre sí
como estrellas gemelas que nunca serán
abrazo.
El exorcismo antiguo del beso,
las gruesas elipses de los labios agrietados
por donde escapa mi lengua,
todo eso y mis infinitas vidas pasadas
cabrían en uno de mis sueños.
Tú, la infinita,
la cálida nube rosada
cabes, pura esencia,
en alguno de mis
sueños que se expanden
hasta caer, otoñales,
en la gota de lluvia
donde habito.
El rústico caballo de batalla
nacido, como yo, para la muerte
-peroyonosoytodavíaunrústicocaballodebatalla-
piafa y cocea a punto de desbocarse
y se desprenden de sus alas
las plumas de bronce
y las hojas que nacieron
de mis sueños,
como en un prematuro otoño.
Plumas u hojas broncíneas
de cromática sonoridad
caen sobre los ríos que me llevan
atravesando galaxias encendidas
o bandadas de luciérnagas en flor.
Sueños inacabables en el paréntesis
de una vida limitada.
Sueños paralelos tras el vacío que deja
un ferrocarril en marcha.
Sueños.
Mis dedos extendidos en raíces
buscan exuberantes subsuelos
en los que fertilizar los sueños.
Atraviesan sótanos y tumbas,
alborotan cadáveres a punto de morir,
avanzan oscuramente por los túneles del tiempo
sin encontrar su remanso.
Pobres, infinitos, limitados,
sueños míos.
Ilust.: Fotografía minimalista de Hengki Koentjoro. “Paisaje de Indonesia”.
Todos mis sueños,
los atroces, los húmedos, los no soñados...
caben entre mis brazos en cruz.
Mis manos se reflejan entre sí
como estrellas gemelas que nunca serán
abrazo.
El exorcismo antiguo del beso,
las gruesas elipses de los labios agrietados
por donde escapa mi lengua,
todo eso y mis infinitas vidas pasadas
cabrían en uno de mis sueños.
Tú, la infinita,
la cálida nube rosada
cabes, pura esencia,
en alguno de mis
sueños que se expanden
hasta caer, otoñales,
en la gota de lluvia
donde habito.
El rústico caballo de batalla
nacido, como yo, para la muerte
-peroyonosoytodavíaunrústicocaballodebatalla-
piafa y cocea a punto de desbocarse
y se desprenden de sus alas
las plumas de bronce
y las hojas que nacieron
de mis sueños,
como en un prematuro otoño.
Plumas u hojas broncíneas
de cromática sonoridad
caen sobre los ríos que me llevan
atravesando galaxias encendidas
o bandadas de luciérnagas en flor.
Sueños inacabables en el paréntesis
de una vida limitada.
Sueños paralelos tras el vacío que deja
un ferrocarril en marcha.
Sueños.
Mis dedos extendidos en raíces
buscan exuberantes subsuelos
en los que fertilizar los sueños.
Atraviesan sótanos y tumbas,
alborotan cadáveres a punto de morir,
avanzan oscuramente por los túneles del tiempo
sin encontrar su remanso.
Pobres, infinitos, limitados,
sueños míos.
Ilust.: Fotografía minimalista de Hengki Koentjoro. “Paisaje de Indonesia”.
Última edición: