Se escapó el alma
por los agujeritos del dolor.
Solo las mañanas
con la peña enfrente de mi ventana,
la luz deslizándose
por su piedra gris verdosa,
y los besos de las niñas
suavizan las heridas.
Casi siempre
me traen flores y piedrecitas
de la campa de enfrente,
mientras el nogal nos vigila.
Mi grito calla
entre las manos pequeñas
de quienes me acarician.
por los agujeritos del dolor.
Solo las mañanas
con la peña enfrente de mi ventana,
la luz deslizándose
por su piedra gris verdosa,
y los besos de las niñas
suavizan las heridas.
Casi siempre
me traen flores y piedrecitas
de la campa de enfrente,
mientras el nogal nos vigila.
Mi grito calla
entre las manos pequeñas
de quienes me acarician.