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las mil y un huevo de noches

Tema en 'Poesía realista (sin premios)' comenzado por jose villa, 15 de Noviembre de 2017. Respuestas: 1 | Visitas: 286

  1. jose villa

    jose villa Poeta que considera el portal su segunda casa

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    cuando mi chica se va a la cantina
    emputada conmigo por mi falta de ambición
    mi incapacidad para encontrar trabajo, mi empecinamiento
    en mantener la idea de que tarde o temprano
    alguien publicará mis poemas y entonces me volveré famoso y rico
    -¿a qué idiota se le ocurriría publicar esa mierda, pinche pendejo?"-
    cuando se va, digo, a la pinche cantina
    encabronada y medio alcoholizada y echando pestes
    furiosa, más que conmigo, con ella misma
    por no ser capaz de mandarme a la chingada de una puta vez
    y en lugar de estar malgastando los mejores años de su culo
    con un tipo huevón que vive del cuento y de lo que puede extorsionarle a su anciana madre
    se busca mejor un cabrón con dinero que pueda ofrecerle una vida desahogada;
    cuando se larga, entonces, esta mujer violenta y borrascosa
    a la cantina, rabiosa y desesperada porque otra vez ocurrió
    lo que ocurre cada puto fin de semana que los dos cogemos el pedo
    o sea: que se acabó la puta cerveza y se acabó el puto dinero
    -y apenas es viernes a las 11 pm y ella tiene 25 y el cuerpo le pide más alcohol-
    y entonces, por lo tanto, a pesar del gran amor que ella me tiene
    a pesar de que soy su adoración y ella no podría vivir sin mí
    por lo visto, sin embargo, no le va a quedar más remedio que recurrir al plan b
    o sea: ponerse la mini y los tacones y largarse a la cantina a ver si por casualidad
    encuentra alguno que le quiera invitar los tragos;
    cuando se larga, en fin, meneando el culo detrás de esa puta mini entallada
    y desaparece dando un portazo y dejándome solo allí en el apartamento
    despatarrado y medio borracho y triste en el sillón
    inundado por un jodido sentimiento de fracaso y humillación
    ocasionado por la rudeza de que soy objeto por parte de la mujer a quien amo
    por la deslealtad que me demuestra, por su flagrante incomprensión
    -"eres demasiado viejo para escribir esas pendejadas tan cursis que escribes"-
    me digo que ya estuvo suave, que esta vez fue la última, que a chingar a su madre;
    que la muy puta no vuelve a pisotear mi dignidad con sus desplantes
    y que cuando aparezca de regreso de su juerga dentro de dos o tres días
    y toque a la puerta para que la deje entrar
    sólo abriré para arrojar su maleta a la escalera
    y decirle en su puta cara que lo nuestro acabó, que se busque a otro pendejo que la aguante
    y que ya no quiero verla más

    pero cuando ella, en efecto, regresa
    de la cantina dos o tres días después de haberse largado
    y toca a la puerta y grita con voz aguardentosa
    "¡abre la puerta de una puta vez, hijo de la chingada!"
    yo me apresuro, pese a todos mis firmes propósitos de rechazarla,
    a abrir y dejarla entrar sin hacerle un papelito,
    más que nada por evitar el escándalo y la deshonra pública;
    la recibo, eso sí, con arrogancia y frialdad
    alejándome ostentosamente de ella todo lo que puedo para no tocarla
    y cubriéndome la nariz como si la peste que exhala fuese insoportable
    -en realidad siempre arrastra un tufillo a pastilla de jabón de hotel de paso-
    "prende el puto calentador para darme un baño, ¿quieres?"
    "nos cortaron el gas y también el agua"
    "eres un puto inútil de mierda, no sé para qué vergas sigo contigo"
    "respecto a eso, mayra, hay algo que quisie..."

    cuando mi chica -ya acabo con esto, no se impacienten-
    regresa de la cantina tres días después de haberse ido
    y yo estoy por fin a punto de emitir la fatal sentencia que escindirá nuestros caminos para siempre
    -incapaz ya de seguir soportando el abuso emocional que ella me inflige
    el estrés psíquico que me genera su errática conducta, la profunda desolación
    en que me hundo cada vez que ella penetra en los abismos de la noche-
    la muy cabrona, que las ve caer,
    abre su bolso y saca un puto billete de 500 y me dice:

    -toma, villa, vete por unas putas cervezas y tabaco y luego echamos una buena culeada

    y así yo vuelvo a quedar embaucado por sus malas artes, como si ella fuera scherezada
    y yo aquel pendejo sultán que nunca tuvo los huevos para deshacerse de ella


    .
     
    #1
    A Lara Salgado le gusta esto.
  2. Antonio Cuello

    Antonio Cuello Poeta fiel al portal

    Se incorporó:
    8 de Septiembre de 2017
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    Hombre
    Creo que deberías publicar historias. Saludos
     
    #2

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