danie
solo un pensamiento...
Lo cierto es que, normalmente,
no pensamos en las ratas.
En esas grises melancolías,
nadas de largas colas
que trepan
por los brazos y hombros,
por las sombras
de un horizonte ajeno.
¿Quién
se va a detener a mirarlas marchar?
¿A quién le importa
los altos horizontes de otros?
Pero ahora las ratas
aun siendo nadas llegaron con el gran peso
a cuestas, que siempre me sobra, en la memoria,
con su agudo chillido que rechina
al abrir la puerta del día.
Sé que están en este barco interior
confundidas/involucradas
con la gracia atropellándola
cuando ella sale a ver el mar,
a hablar con los marinos.
Ahora sé por qué
algunos días
son más grises
y hay más frío en un lado
del corazón………….. a veces.
Las tenía
guardadas conmigo
pero no sabía que iba a despertar
esta mañana pensando en ellas,
recordando quejas, reproches que me hacía equivocado.
Desde hace un rato van por mi memoria
como esperando que se muera el día.
Y con sus colas escriben:
“todavía hay fuego en los nubarrones del cielo”
no pensamos en las ratas.
En esas grises melancolías,
nadas de largas colas
que trepan
por los brazos y hombros,
por las sombras
de un horizonte ajeno.
¿Quién
se va a detener a mirarlas marchar?
¿A quién le importa
los altos horizontes de otros?
Pero ahora las ratas
aun siendo nadas llegaron con el gran peso
a cuestas, que siempre me sobra, en la memoria,
con su agudo chillido que rechina
al abrir la puerta del día.
Sé que están en este barco interior
confundidas/involucradas
con la gracia atropellándola
cuando ella sale a ver el mar,
a hablar con los marinos.
Ahora sé por qué
algunos días
son más grises
y hay más frío en un lado
del corazón………….. a veces.
Las tenía
guardadas conmigo
pero no sabía que iba a despertar
esta mañana pensando en ellas,
recordando quejas, reproches que me hacía equivocado.
Desde hace un rato van por mi memoria
como esperando que se muera el día.
Y con sus colas escriben:
“todavía hay fuego en los nubarrones del cielo”