Felipe Fuentes García
Poeta asiduo al portal
(Del elogio engañoso)
Caiga la copa que al fulgor se mece
y quiebre de laureles su cohorte.
Sea sólo esa luz la dama corte-
sana de la ebriedad que desmerece.
Necia es la gloria, si en loores crece
para hacerse peana de su norte:
hoja que acaba la andadura sorte-
ando ya olvidos mientras reverdece.
Porque piedad reclama en el camino
el pie que alcanza en sangre de cordura
el albo cénit del merecimiento.
Que el embeleco, lirio adamantino,
a encender sin disfraces se apresura
vórtices de un edén de sufrimiento.
Caiga la copa que al fulgor se mece
y quiebre de laureles su cohorte.
Sea sólo esa luz la dama corte-
sana de la ebriedad que desmerece.
Necia es la gloria, si en loores crece
para hacerse peana de su norte:
hoja que acaba la andadura sorte-
ando ya olvidos mientras reverdece.
Porque piedad reclama en el camino
el pie que alcanza en sangre de cordura
el albo cénit del merecimiento.
Que el embeleco, lirio adamantino,
a encender sin disfraces se apresura
vórtices de un edén de sufrimiento.
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