Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Hubo un llanto antes de la palabra. Luego la palabra vino y dijo: Lazzar "Levantate y Anda". Despertar y caminar fue mi mandato, llegué a sus brazos y le abracé. Era tocado y observado hasta el cansancio, de lejos venían para mirarme y asombrarse con mi persona. Luego él partió. Después de su partida vino el sueño a los párpados de mis hermanos y durmieron todos menos yo. La luna tierna entraba por la ventana y el viento del desierto traía olores a dátil. No había paz en mi consciencia y mis plantas no sentían descanso, de pie siempre de pie, sin poder reposar un instante sobre el suelo y con la comezón en las plantas: ¡Anda!
Debajo de la luna comencé mi peregrinaje, los primero cien años lejos de los caminos, de los pueblos, pues aún se recordaba al Lazzar que se levantó y anduvo a una voz.
Él se había extinguido como cuerpo y las voces contaban su historia fantástica.
Del Imperio vinieron muchos hombres, preguntaban por mí. Lamer mi sangre, beber mis secreciones -decían- hacia vivir más tiempo, sanar de todos los males, rejuvenecer.
Qué equivocados estaban. Nada rejuvenece. Ando con todos los años a cuestas en mis hombros. Soy un fantasma vivo al que sus huesos le castigan con la necesidad de estar siempre de pie, soy víctima del verbo que contiene poder en su palabra, ando y vivo de pie, camino pero todos los años del mundo andan sobre de mi cuerpo.
Muchos se preguntaron por "el llanto", ¿por qué llorar si le devuelve la vida? No era un llanto por un hombre muerto, lo era por la condena por los siglos de los siglos a este ser inocente sobre el cual había caído el poder del verbo para glorificar al hombre.
Debajo de la luna comencé mi peregrinaje, los primero cien años lejos de los caminos, de los pueblos, pues aún se recordaba al Lazzar que se levantó y anduvo a una voz.
Él se había extinguido como cuerpo y las voces contaban su historia fantástica.
Del Imperio vinieron muchos hombres, preguntaban por mí. Lamer mi sangre, beber mis secreciones -decían- hacia vivir más tiempo, sanar de todos los males, rejuvenecer.
Qué equivocados estaban. Nada rejuvenece. Ando con todos los años a cuestas en mis hombros. Soy un fantasma vivo al que sus huesos le castigan con la necesidad de estar siempre de pie, soy víctima del verbo que contiene poder en su palabra, ando y vivo de pie, camino pero todos los años del mundo andan sobre de mi cuerpo.
Muchos se preguntaron por "el llanto", ¿por qué llorar si le devuelve la vida? No era un llanto por un hombre muerto, lo era por la condena por los siglos de los siglos a este ser inocente sobre el cual había caído el poder del verbo para glorificar al hombre.
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