Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Le aplaudo al idiota de mí,
las veces que me dé la gana,
sin contratos ni risas que fingir
porque a fin de cuentas es a todo o nada.
Mal que bien soy lo que fui,
adicto a las claves del desequilibrio,
sigo siendo el mismo estúpido que vi
en el espejo una tarde de domingo.
Y si algo aprendí
es que todo lo que haga es para mal,
mi luz no se refleja y me dormí
con una sonrisa que solo tiene final.
Le aplaudo al idiota de mí,
resultando que ese idiota tiene miedos,
que en la noche no puede dormir
y en el día, lo persiguen los recuerdos.
Hubieras visto las tardes en que me perdí
en lo más absurdo de mis sueños,
conociendo sitios donde nunca fui,
para despertar en mis cerezos.
las veces que me dé la gana,
sin contratos ni risas que fingir
porque a fin de cuentas es a todo o nada.
Mal que bien soy lo que fui,
adicto a las claves del desequilibrio,
sigo siendo el mismo estúpido que vi
en el espejo una tarde de domingo.
Y si algo aprendí
es que todo lo que haga es para mal,
mi luz no se refleja y me dormí
con una sonrisa que solo tiene final.
Le aplaudo al idiota de mí,
resultando que ese idiota tiene miedos,
que en la noche no puede dormir
y en el día, lo persiguen los recuerdos.
Hubieras visto las tardes en que me perdí
en lo más absurdo de mis sueños,
conociendo sitios donde nunca fui,
para despertar en mis cerezos.