Quisiera arrebatarte tu dolor.
Alzarte otra vez a las alturas
donde tus risas cambian de color,
tan contagiosas como prematuras.
Soplar en dirección a tu escozor.
Aliviar otra vez magulladuras
de un tiempo dorado sin grosor,
y de un corazón sin cerraduras.
Ahora es tu tarea resistir;
aunque crea poder lidiar con eso
de conocer de ti sin asistir.
Te veo en mis súplicas ileso.
Quizás la solución es insistir
en que todo se cura con un beso.
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