Como todos tus poemas, genial. Todos queremos la Libertad, aunque es algo como un niño o una niña consentida que quiere cosas, pero muchas veces, por desgracia, no podemos dárselas y empieza a llorar, como lo que son, niños, ya que nuestra alma es un poco como un niño. Un saludo de Samuel, y rep si puedo.
Querido Samuel:
Toda la razón del mundo; somos unos niños con envoltorio de gente grande.
El libre albedrío se les fue concedido a todos los seres, es el poder de decisión, el poder de elegir. Somos los capitanes de nuestro navío y tenemos la facultad de elegir la mejor ruta para llegar a puerto seguro, allí se encuentra la destreza de cada cual para tomar las cartas de navegación y escoger la ruta más indicada. No siempre somos capaces de escapar de la tormenta que cubre y moja nuestro navío con fuerza, intentando hacernos zozobrar en el mar de la vida. Por eso es necesario tomar consciencia y elegir con cautela lo mejor para cada cual y no dejar que otros decidan por nosotros.
Lo importante es que a través de esta decisión logremos encontrar la paz tan deseada para nuestras vidas.
Muchísimas gracias Samuel por tu compañía, por tus palabras, por la valorización que has dado a este poema-reflexión y por la visión tan especial que tienes de la vida, eres un niño con cuerpo y mente de gente grande. Te quiero mucho amigo.
Un beso y un cálido abrazo desde mi verde valle.
Eryca.