Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Y bueno, ya estamos aquí: fue cierto. Nos miramos unos a otros con las túnicas de aura gris con que venimos vestidos. Cada túnica es el destello de lo que sentimos y expresamos estando con vida. No es un reflejo de la voz pues la voz es hija de la lengua, no del alma. La voz es parte de la mascarada del lobo cuando pone trampa al cordero, como lo es el lenguaje corporal que se viste de santo, de probo. No, la túnica áurea es la vestidura que habla desde dentro, la que no muestra ni siquiera los engaños sutiles del pensamiento.
Estamos aquí, quizá flotando, no lo puedo decir aún, pues el ambiente y yo, carecemos de peso, y hasta de espacio. Es este un mundo que aún no interpreto ni traduzco a mis sentidos. "Mis sentidos," me asombro de ser yo aún. Algo de mi ego ha sobrevivido al paso de una dimensión a otra.
Estamos aquí en una fila larga, larga, interminable. Espacio y tiempo... luego pienso en cansancio y hambre; qué influido estoy aún de mi paso por el inciso previo. Terminología, mentalidad, instinto...
Ahora no estoy seguro de lo que veo y percibo: la mente ordena al caos para su sobrevivencia y adaptación. De ahí nace la mentalidad, el hábito, el paradigma: estaré creando un nuevo mito para la presente etapa. Mente... no, ya no hay mente. ¿O, sí? La astral, vuelta a las definiciones y mentalidades del reciente inciso. El caso es que estamos aquí y somos muchedumbres.
Se piensa y se mira, se escucha y se siente, esto no es muerte, nada. Se interpreta sin mandato a la idea o el pensamiento, esto no es un reino, ni es una dictadura pues hay libertad de pensar, nadie persigue o determina. Bueno, no aún... estoy formado o congregado. Lo cierto es que tengo la sensación de espera, hay un ambiente de espera, pero sin temor, sin angustia.
Espera... qué debe aparecer, qué se espera...
Esperar... tiempo: hay tiempo. Hay tiempo y hay consciencia del tiempo. Lo que no hay es sentimiento de culpa, solo estas vestiduras de aura grisasea que nos permiten esa forma de presencia. Rostros, quiero ver los rostros, dónde quedó la desnudez corpórea, dónde el cuerpo y su sexo. Si hay eternidad no hay sexo, pues no hay necesidad de reproducción. Me busco en el cuerpo la presencia de sexo, pero no puedo hacerlo, no hay miembros que me permitan hacer esa función. He descubierto mi trasparencia, casi invisibilidad, si no fuera por esa forma de aura sería invisible, imperceptible, inexistente. Las reflexiones no me llenan de angustia, no siento ni felicidad ni angustia, entonces sí estoy muerto. Pero no estoy muerto porque genero presencia y poseo consciencia a la vez.
Viene a mi mente la cuestión del castigo, del pago de culpas, de la expiación y la purificación de las almas. Recuerdos, tengo poderosos recuerdos: no estoy muerto; he de estar en una especie de estado de coma, pero noooo estoooy muerto. O... talvez sí. Quizá viene, me espera, un baño de algo, un estado de purificación de algo, que torne la vestidura de aura gris en dorada. Talvez entonces experimente una forma de sufrimiento peor que las que he sentido y conocido. El inciso anterior hace acto de presencia: dolor, sufrimiento. Conocí los corpóreos y los de la consciencia (por llamarlos de alguna forma). Esos dolores de amor, los del ego, los de las ausencias: todo un calvario terrible. ¿Quién puede decir que son menos dolorosos que los de la materia? Los de la materia fueron breves en su mayoría, otros intensos en su camino a la muerte.
Mientras espero (tiempo) no experimento ni angustia ni desesperación. Hay tiempo abundante aquí para pensar en todas las posibilidades de lo que viene. Se extrañan tanto los paradigmas, ahora descubro que no eran tan malos, ciertos o no, había al menos una razón para sentirse dichoso o desgraciado, pero aquí, sin que nadie comparta sus miedos, sus supersticiones, solo queda el vacío y el tiempo para tratar de adivinar mientras llega el instante en que lo que ha de ocurrir, ocurra; si es que ocurre.
Estamos aquí, quizá flotando, no lo puedo decir aún, pues el ambiente y yo, carecemos de peso, y hasta de espacio. Es este un mundo que aún no interpreto ni traduzco a mis sentidos. "Mis sentidos," me asombro de ser yo aún. Algo de mi ego ha sobrevivido al paso de una dimensión a otra.
Estamos aquí en una fila larga, larga, interminable. Espacio y tiempo... luego pienso en cansancio y hambre; qué influido estoy aún de mi paso por el inciso previo. Terminología, mentalidad, instinto...
Ahora no estoy seguro de lo que veo y percibo: la mente ordena al caos para su sobrevivencia y adaptación. De ahí nace la mentalidad, el hábito, el paradigma: estaré creando un nuevo mito para la presente etapa. Mente... no, ya no hay mente. ¿O, sí? La astral, vuelta a las definiciones y mentalidades del reciente inciso. El caso es que estamos aquí y somos muchedumbres.
Se piensa y se mira, se escucha y se siente, esto no es muerte, nada. Se interpreta sin mandato a la idea o el pensamiento, esto no es un reino, ni es una dictadura pues hay libertad de pensar, nadie persigue o determina. Bueno, no aún... estoy formado o congregado. Lo cierto es que tengo la sensación de espera, hay un ambiente de espera, pero sin temor, sin angustia.
Espera... qué debe aparecer, qué se espera...
Esperar... tiempo: hay tiempo. Hay tiempo y hay consciencia del tiempo. Lo que no hay es sentimiento de culpa, solo estas vestiduras de aura grisasea que nos permiten esa forma de presencia. Rostros, quiero ver los rostros, dónde quedó la desnudez corpórea, dónde el cuerpo y su sexo. Si hay eternidad no hay sexo, pues no hay necesidad de reproducción. Me busco en el cuerpo la presencia de sexo, pero no puedo hacerlo, no hay miembros que me permitan hacer esa función. He descubierto mi trasparencia, casi invisibilidad, si no fuera por esa forma de aura sería invisible, imperceptible, inexistente. Las reflexiones no me llenan de angustia, no siento ni felicidad ni angustia, entonces sí estoy muerto. Pero no estoy muerto porque genero presencia y poseo consciencia a la vez.
Viene a mi mente la cuestión del castigo, del pago de culpas, de la expiación y la purificación de las almas. Recuerdos, tengo poderosos recuerdos: no estoy muerto; he de estar en una especie de estado de coma, pero noooo estoooy muerto. O... talvez sí. Quizá viene, me espera, un baño de algo, un estado de purificación de algo, que torne la vestidura de aura gris en dorada. Talvez entonces experimente una forma de sufrimiento peor que las que he sentido y conocido. El inciso anterior hace acto de presencia: dolor, sufrimiento. Conocí los corpóreos y los de la consciencia (por llamarlos de alguna forma). Esos dolores de amor, los del ego, los de las ausencias: todo un calvario terrible. ¿Quién puede decir que son menos dolorosos que los de la materia? Los de la materia fueron breves en su mayoría, otros intensos en su camino a la muerte.
Mientras espero (tiempo) no experimento ni angustia ni desesperación. Hay tiempo abundante aquí para pensar en todas las posibilidades de lo que viene. Se extrañan tanto los paradigmas, ahora descubro que no eran tan malos, ciertos o no, había al menos una razón para sentirse dichoso o desgraciado, pero aquí, sin que nadie comparta sus miedos, sus supersticiones, solo queda el vacío y el tiempo para tratar de adivinar mientras llega el instante en que lo que ha de ocurrir, ocurra; si es que ocurre.