Llanto

Luis Fernando Tejada

Poeta reconocido
El llanto que se
anuda en la garganta,

comprimiendo el corazón,
el que tragamos
muchas veces por orgullo,

para demostrar
la fuerza que no tenemos,

a veces es tan profundo que
puede curar las heridas,
lavar los dolores,
ablandar el más duro corazón,
disolver los rencores del alma,
llegar a ser el
principio del perdón,

el camino a la rectificación
o la causa del cambio interior.
 
Antonio a mi enseñaron a no llorar y en últimas se me atrofiaron las glándulas lagrimales. Mi padre no exigía a los hombres de la casa no llorar porque era cosa de maricas. Inclusive no podíamos mirarnos en el espejo porque entonces el hombre pintaba mal y era sometido a vigilancia. Murió hace muchos años, sabía que su muerte era inminente y no derramó una sola lágrima ni permitió que los hombres lloráramos a su alrededor. Decía que eso era cosa de mujeres. De todas maneras fue un gran hombre, lo más seguro es que el abuelo le enseñó a no llorar. Ahora me asombro de lo fácil que lloran las nuevas generaciones. Recientemente en un reality de la TV se presentaron unos muchachos aspirando a ser actores. Se la pasaban llorando porque sí y porque no. Si vieras el asombro mío y me acordaba de mi padre, si hubiera presenciado ese espectáculo se le hubiera acelerado su muerte. Si me está viendo y sabe que soy poeta que no lloro con lágrimas pero si con palabras se revolcaría en la tumba.
 

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