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Lluvia y madrugada

penabad57

Poeta veterano en el portal
Entre los goznes del carro de la pordiosera
la lluvia es un ejército de grillos que lloran su cautividad.

El trastorno de la luz en los vericuetos de la niebla,
nimbado el rododendro por la luz amarilla de un rótulo,
caminos de luna, porque la noche vierte enjambres de amor,
lágrimas de liquen, ausencia de hongos de plata en tu nombre.

Veré a la diosa de los cristales verdes,
cuya forma de relámpago pétreo abomina de las gotas,
de su orden legionario, de su insignificancia sin el eco
de sus hermanas en la caída, siempre llueve sin estrépito
en la callada vida.

Murciélagos que han sentido mi ternura me persiguen,
quisieran un calor que no conocen,
quisieran el latido uniforme de su llamada convertirse en un delta
sobre las colinas del aire, un tobogán vertiginoso
que sangrase entre nubes de alabastro,
una senda de chillidos donde las sílabas ignotas
descubran un silencio de rebaño,
un mar de alas y ceguera,
un refugio ciego de criaturas que imploran una respuesta,
el don del coro, el agua fluida de la molécula en el vientre oscuro.

Y es que son las tres de la madrugada
y no hay pisadas, ni diálogos,
ni la alegría vence al sueño,
solo luces de neón en las esquinas,
el aullido del insomne desde su balcón de hojalata,
los bares y su detritus, el sol de mentira en el rostro de la catedral
y la música del azar en los soliloquios de un compás;
letras sin versos que ofuscan el alma,
saxofones pervertidos por la droga,
amantes excelsos, cantos de libertad en la voz de los poetas virginales,
el ardor de un arpegio que penetra en la oscuridad profunda de mi ser
y crea un fuego, una llama de esperanza cautiva.

Llueve en la hora gris de las brujas,
bajo los soportales también llueve,
llueve en mi piel, lloverá en el mañana
cuando la ciudad no exista y solo sea un recuerdo su abrigo,
ese abrigo, con forma de ilusión, que a los veinte años
vestí en todas y cada una de mis noches.
 
Última edición:
Entre los goznes del carro de la pordiosera
la lluvia es un ejército de grillos que lloran su cautividad.

El trastorno de la luz en los vericuetos de la niebla,
nimbado el rododendro por la luz amarilla de un rótulo,
caminos de luna, porque la noche vierte enjambres de amor,
lágrimas de liquen, ausencia de hongos de plata en tu nombre.

Veré a la diosa de los cristales verdes,
cuya forma de relámpago pétreo abomina de las gotas,
de su orden legionario, de su insignificancia sin el eco
de sus hermanas en la caída, siempre llueve sin estrépito
en la callada vida.

Murciélagos que han sentido mi ternura me persiguen,
quisieran un calor que no conocen,
quisieran el latido uniforme de su llamada convertirse en un delta
sobre las colinas del aire, un tobogán vertiginoso
que sangrase entre nubes de alabastro,
una senda de chillidos donde las sílabas ignotas
descubran un silencio de rebaño,
un mar de alas y ceguera,
un refugio ciego de criaturas que imploran una respuesta,
el don del coro, el agua fluida de la molécula en el vientre oscuro.

Y es que son las tres de la madrugada
y no hay pisadas, ni diálogos,
ni la alegría vence al sueño,
solo luces de neón en las esquinas,
el aullido del insomne desde su balcón de hojalata,
los bares y su detritus, el sol de mentira en el rostro de la catedral
y la música del azar en los soliloquios de un compás;
letras sin versos que ofuscan el alma,
saxofones pervertidos por la droga,
amantes excelsos, cantos de libertad en la voz de los poetas virginales,
el ardor de un arpegio que penetra en la oscuridad profunda de mi ser
y crea un fuego, una llama de esperanza cautiva.

Llueve en la hora gris de las brujas,
bajo los soportales también llueve,
llueve en mi piel, lloverá en el mañana
cuando la ciudad no exista y solo sea un recuerdo su abrigo,
ese abrigo, con forma de ilusión, que a mis veinte años
vestí en todas y cada una de mis noches.
El insomnio, la lluvia y el viento suelen ser un combinación a la que se le logra sacar un buen partido.
Un abrazo, Ramón.
 

"POEMA DEL MES"


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Entre los goznes del carro de la pordiosera
la lluvia es un ejército de grillos que lloran su cautividad.

El trastorno de la luz en los vericuetos de la niebla,
nimbado el rododendro por la luz amarilla de un rótulo,
caminos de luna, porque la noche vierte enjambres de amor,
lágrimas de liquen, ausencia de hongos de plata en tu nombre.

Veré a la diosa de los cristales verdes,
cuya forma de relámpago pétreo abomina de las gotas,
de su orden legionario, de su insignificancia sin el eco
de sus hermanas en la caída, siempre llueve sin estrépito
en la callada vida.

Murciélagos que han sentido mi ternura me persiguen,
quisieran un calor que no conocen,
quisieran el latido uniforme de su llamada convertirse en un delta
sobre las colinas del aire, un tobogán vertiginoso
que sangrase entre nubes de alabastro,
una senda de chillidos donde las sílabas ignotas
descubran un silencio de rebaño,
un mar de alas y ceguera,
un refugio ciego de criaturas que imploran una respuesta,
el don del coro, el agua fluida de la molécula en el vientre oscuro.

Y es que son las tres de la madrugada
y no hay pisadas, ni diálogos,
ni la alegría vence al sueño,
solo luces de neón en las esquinas,
el aullido del insomne desde su balcón de hojalata,
los bares y su detritus, el sol de mentira en el rostro de la catedral
y la música del azar en los soliloquios de un compás;
letras sin versos que ofuscan el alma,
saxofones pervertidos por la droga,
amantes excelsos, cantos de libertad en la voz de los poetas virginales,
el ardor de un arpegio que penetra en la oscuridad profunda de mi ser
y crea un fuego, una llama de esperanza cautiva.

Llueve en la hora gris de las brujas,
bajo los soportales también llueve,
llueve en mi piel, lloverá en el mañana
cuando la ciudad no exista y solo sea un recuerdo su abrigo,
ese abrigo, con forma de ilusión, que a los veinte años
vestí en todas y cada una de mis noches.
Sensaciones expresadas entre esa humedad que pretende ser ilusion en unas noches
recordadas entre momentos donde lo poetico esa cautiva esencia. hoy la oscuridad
deja un reflejo de recuerdos, melancolia vertida y llena de fluidos intimos.
me gusto mucho. saludos amables de luzyabsenta
 
Entre los goznes del carro de la pordiosera
la lluvia es un ejército de grillos que lloran su cautividad.

El trastorno de la luz en los vericuetos de la niebla,
nimbado el rododendro por la luz amarilla de un rótulo,
caminos de luna, porque la noche vierte enjambres de amor,
lágrimas de liquen, ausencia de hongos de plata en tu nombre.

Veré a la diosa de los cristales verdes,
cuya forma de relámpago pétreo abomina de las gotas,
de su orden legionario, de su insignificancia sin el eco
de sus hermanas en la caída, siempre llueve sin estrépito
en la callada vida.

Murciélagos que han sentido mi ternura me persiguen,
quisieran un calor que no conocen,
quisieran el latido uniforme de su llamada convertirse en un delta
sobre las colinas del aire, un tobogán vertiginoso
que sangrase entre nubes de alabastro,
una senda de chillidos donde las sílabas ignotas
descubran un silencio de rebaño,
un mar de alas y ceguera,
un refugio ciego de criaturas que imploran una respuesta,
el don del coro, el agua fluida de la molécula en el vientre oscuro.

Y es que son las tres de la madrugada
y no hay pisadas, ni diálogos,
ni la alegría vence al sueño,
solo luces de neón en las esquinas,
el aullido del insomne desde su balcón de hojalata,
los bares y su detritus, el sol de mentira en el rostro de la catedral
y la música del azar en los soliloquios de un compás;
letras sin versos que ofuscan el alma,
saxofones pervertidos por la droga,
amantes excelsos, cantos de libertad en la voz de los poetas virginales,
el ardor de un arpegio que penetra en la oscuridad profunda de mi ser
y crea un fuego, una llama de esperanza cautiva.

Llueve en la hora gris de las brujas,
bajo los soportales también llueve,
llueve en mi piel, lloverá en el mañana
cuando la ciudad no exista y solo sea un recuerdo su abrigo,
ese abrigo, con forma de ilusión, que a los veinte años
vestí en todas y cada una de mis noches.

Un poema precioso, muy bello, ya la primera estrofa emociona y la última más de lo mismo.

Tego una duda; cuando escribes " ...de su insignificancia sin eco de sus hermanas en la caída... " te olvidaste de una coma tras eco o es que la frase es así, no es que no me guste, que me gusta, es por saberlo.

Me alegra leerte de nuevo tras este parón, un abrazo.
 
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Un poema precioso, muy bello, ya la primera estrofa emociona y la última más de lo mismo.

Tego una duda; cuando escribes " ...de su insignificancia sin eco de sus hermanas en la caída... " te olvidaste de una coma tras eco o es que la frase es así, no es que no me guste, que me gusta, es por saberlo.

Me alegra leerte de nuevo tras este parón, un abrazo.
Gracias por el amable comentario. Entre "eco" y "de" está el artículo "el", quedaría así: "de su insignificancia sin el eco de sus hermanas en la caída...", no es necesaria creo ninguna coma. Un abrazo, Maroc.
 
Gracias por el amable comentario. Entre "eco" y "de" está el artículo "el", quedaría así: "de su insignificancia sin el eco de sus hermanas en la caída...", no es necesaria creo ninguna coma. Un abrazo, Maroc.

Sí, transcribí el verso sin fijarme, a veces soy despistado.

Un abrazo y gracias por la aclaración.
 
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