1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

    Cerrar notificación

Lo que Camilo Calla

Tema en 'Lecciones de ortografía y gramática' comenzado por luz stella, 12 de Julio de 2016. Respuestas: 0 | Visitas: 361

  1. luz stella

    luz stella Poeta recién llegado

    Se incorporó:
    3 de Febrero de 2014
    Mensajes:
    71
    Me gusta recibidos:
    15
    Había una vez un niño llamado Camilo, de ojos grandes y redondos como la luna, de cejas pobladas y una cabecita alargada en forma de uno. De carácter afectuoso, pero algo rebelde.

    Todos los días al despertarse, Ana, su madre, le preguntaba:

    ¿Cómo amaneciste?

    Bien, respondía él.

    ¿Gracias a quién?

    Gracias a Dios y se lanzaba a abrazarla besando su frente.

    Sentía un especial cariño por los animales. Para su cumpleaños su madrina lo complació regalándole un bengalí y un pitbull negro.

    Con sombra, el perro, pasaba la mayor parte del tiempo, era el amigo de juegos, el guía. Su protector.

    A lupita, le cambiaba el agua todos los días y tan pronto colocaba en su manito un puñado de alpiste, el pajarito se acercaba a comer. Nunca le hablaba, como sí lo hacía con sombra. Pero un día, de esos que no es cualquiera, lo miró con ojos pensativos, se sentó en el borde de ladrillo que rodea el jardín del abuelo, apoyó los codos en las piernas y con sus manos rodeando su cara suspiró.

    ¡Tengo que decirte algo!, Lupita.

    ¡Ay! ¡Qué vida tan dura esta!

    El pajarito cantó y revoloteó por toda la jaula. Parecía entenderlo.¡Silencio!. ¡Es nuestro secreto!

    Tranquila, tranquila, lupita. Se congela tu cerebro y eso duele.

    Mi cerebro está congelado. Es que el abuelito no me quiere, cuando él está en la casa no puedo entrar a jugar con mi primo juan y cuando me ve mueve su quijada tan feo, que asusta. Soy un niño grande, me siento más enjaulado que tú. A veces mi corazón tiene hambre y mi cerebro quiere pasear, pero papi se fue y mami no tiene billetes para tantas cosas.

    Camilo guardó silencio por un momento, se le opacaron los ojos.

    —¿Lupita, qué puedo hacer?... Reflexionó. ¡Pues nada, cierto?

    ¡Chissst! ¡Chsss!, mami se acerca. Escucho su cascabel, ¡perdón!, es el sonido de sus chanchas con círculos dorados.

    Ana llegó hasta patio donde estaba Camilo.

    ¿Por qué llorabas mami?

    No estaba llorando. Tengo los ojos irritados, solo eso.

    Espera, espera.

    Acercó el oído al corazón de su mami y exclamó. ¡Tu corazón está enojado contigo, no puedo escucharlo!. Si ves estabas llorando.

    ¡No llores! Te prometo hacerte caso, dejar de escalar en el marco de las puertas, no volver a levantar a Mateo de los pies y menos trapear el piso son sus crespos, ni tirarle piedras a Manuel, así me provoque el malgenio.

    Segundos después colocó una mano en la cintura y levantó su mano derecha al tiempo que se balanceaba muy suave y dijo: ¡Es un pacto!

    Camilo tomó de la mano a su mamá.

    — ¿A dónde vamos?

    Vamos a la calle. Tengo que mostrarte algo.

    Mira, mira esa nube, se parece a un conejo y sonríe. ¡Tan lindo! Y con el dedo en la frente le dice, te estaré vigilando.

    ¿y eso por qué?

    Ah… pues para que no llores y la abrazó fuerte apoyando su cabeza en el pecho.

    ¿Mami, cuando llega papi con la película de pixeles? Es que lleva estos días, Levantó sus manos y las movió suavemente de atrás hacia adelante… ah… muchos y no regresa.

    A su mami se le hizo un nudo en la garganta, en los últimos días se emocionaba con una facilidad que se tenía que morder sus labios para no dejar caer una lágrima más.

    Mi amor, papi pronto regresará, ve a tu cuarto a pintar y cómete las onces, en tu mesa está servido.

    Camilo arrugó la frente, agachó la cabeza y caminó con lentitud hacia su cuarto balanceando sus brazos, en señal de protesta.

    Cuando el reloj marcó las 12:00 p.m, Ana comenzó a llamarlo desde la cocina.

    Camilo, camilo, el almuerzo está listo.

    El niño no respondió. Entonces, Ana caminó en dirección al cuarto, abrió la puerta, y lo encontró acostado boca abajo con los pies cruzados. Se había quedado dormido con un papel empuñado en la mano. Entró en puntillas para no despertarlo y suavemente tomó el papel de su mano.

    Era un cuento “Juanma buscando el pez”, cuando lo leyó, supo que camilo se sentía como un huérfano y lo que más le afectaba era el rechazo de su abuelito.

    De no leer el cuento jamás se entera de lo que camilo callaba y que solo se descubre en esas cuantas letras. ¿Pero, cómo cambiar la historia? ¿Cómo cambiar ese desprecio indecible de su abuelo?. ¿Cómo no sentir estas punzadas en el corazón?, cuando no se puede obligar a nadie a amar.
     
    #1

Comparte esta página