Mujer, tu rostro de ébano le impacta
a mi alma de poeta que se obstina
en ver solo belleza que, felina,
cuenta que tu nobleza sigue intacta.
¿Cómo ignorar el trauma de tu herida?
¿Quién le robó la luz a tu ojo ciego?
La neblina de un gris desasosiego
me deja con el alma compungida.
Con joyas de princesa te han pintado.
Cuánta contradicción en la envoltura
que trata de ocultar la desventura
de cómo de tus sueños te han vaciado.
Hay algo que me asusta en el retrato:
La tibieza sutil ante el maltrato.
Nota: Hace mucho que no lograba volver a escribir poesía, desde la muerte de Ligia. Debo a esta imagen el despertar de la inspiración que, sin poder evitarlo, siempre me mueve en esta dirección: lo que me cuenta su rostro más allá de belleza decorativa de la imagen.
Me alegra mucho haber despertado precisamente aquí.
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