dragon_ecu
Esporádico permanente
Mientras el sol se deslizaba perezoso, la pared iba sintiendo calor al contacto de su piel.
Las dos princesas aún mantenían cerrados sus ojos y de pie desde la puerta las veía y comparaba.
La mayor era tan parecida a su madre, alegre, jovial, servicial. Capaz de convencer a medio mundo con solo una mirada.
La menor era tan parecida a mi, enérgica, voluntariosa, independiente. Capaz de convencer al otro medio mundo con otro tipo de mirada (más severa).
Ambas hicieron de aquel rincón, que la luz invadía, su reino privado. Por allí los peluches príncipes se hallaban deformados de tantos abrazos, en tanto los cuadernos llenos de embrujos las martirizaban (sobre todo a la hora de estudiar).
La una con su alegría nos motivaba a seguirla, mientras la segunda nos llevaba a empujones.
La una con su pelo recogido atrapaba los destellos del sol, mientras la otra en su cabello atrapaba cuanta brisa se cruzaba en su carrera (y uno que otro insecto).
La una gritaba al ver un grillo, la otra lo acariciaba para que cante.
El sol reptando por la pared ya se asoma a las cabeceras de sus camas.
En esas almohadas llenas de pensamientos e ilusiones, de sueños y planes, de aventuras y esperanzas.
Ver a una terminando el colegio mientras la otra iniciaba la escuela. Marcando dos horarios distintos y sin embargo tan complementarios a mi vida.
Hoy los relojes ya no son de cuerda, ni tampoco eléctricos o de pilas. Hoy cada una tiene su agenda y reloj en su celular personal, en su propia vida.
Ahora el sol alumbra la más valiosa posesión del castillo... los cepillos con que peinaba sus cabellos.
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