Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Recuerdo aquellas tardes de lluvia recurrente
pasadas en los cines cercanos a mi casa,
sentado en mi butaca, incómoda y escasa,
la magia me llevaba a un mundo diferente.
Me viene a la memoria la imagen imponente
de una terrible momia, cubierta con su gasa,
acechando a la chica que, ajena a lo que pasa,
no oía los chillidos de miedo de la gente.
Los jueves y domingos corrían dos sesiones,
entraba hacia las cuatro y a las nueve salía,
viviendo de ilusiones mientras fuera llovía.
Días de vino y rosas llenos de sensaciones,
la rígida censura "cuidaba" la decencia
y en esa tesitura pasó mi adolescencia.
pasadas en los cines cercanos a mi casa,
sentado en mi butaca, incómoda y escasa,
la magia me llevaba a un mundo diferente.
Me viene a la memoria la imagen imponente
de una terrible momia, cubierta con su gasa,
acechando a la chica que, ajena a lo que pasa,
no oía los chillidos de miedo de la gente.
Los jueves y domingos corrían dos sesiones,
entraba hacia las cuatro y a las nueve salía,
viviendo de ilusiones mientras fuera llovía.
Días de vino y rosas llenos de sensaciones,
la rígida censura "cuidaba" la decencia
y en esa tesitura pasó mi adolescencia.
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