el albatros
Poeta recién llegado
Cierro puertas y ventanas,
descubro latitudes vírgenes.
Me descalza la arena
de un nonato amanecer
y siento una variante
mas intensa de cosquillas,
sobre la efímera hojarasca
de los globos extenuados.
Mis pulmones desnudan
la falacia del óxido nitroso.
Del cannabis, del morbo,
de mi vanidoso.
Despertar y levantar el país,
de las maravillas, es,
legitimar mi esclavitud.
Un cuarto de tres metros
redondos y una luz
que sólo apaga, para hacer
las delicias de mis pies.
Lejos del reloj.
Cerca de París.
Decido el color de sus medias
y el sabor de su azúcar,
ataques de ansiedad
limitan su criterio.
Sólo cuando me exige morfina,
blando un hálito de incienso,
la extiendo por mi espalda,
hasta hermanarla con mi aliento.
En cada parada de mi psique,
exótica atmósfera nocturna,
inhóspita posada,
posa ella sentada
alborotando el cabello
con sus manos inquietas,
arrodillando sus insumisos sentidos
ante la batuta de mi voz.
El rigor de la palabra,
lo mejor para los dos
descubro latitudes vírgenes.
Me descalza la arena
de un nonato amanecer
y siento una variante
mas intensa de cosquillas,
sobre la efímera hojarasca
de los globos extenuados.
Mis pulmones desnudan
la falacia del óxido nitroso.
Del cannabis, del morbo,
de mi vanidoso.
Despertar y levantar el país,
de las maravillas, es,
legitimar mi esclavitud.
Un cuarto de tres metros
redondos y una luz
que sólo apaga, para hacer
las delicias de mis pies.
Lejos del reloj.
Cerca de París.
Decido el color de sus medias
y el sabor de su azúcar,
ataques de ansiedad
limitan su criterio.
Sólo cuando me exige morfina,
blando un hálito de incienso,
la extiendo por mi espalda,
hasta hermanarla con mi aliento.
En cada parada de mi psique,
exótica atmósfera nocturna,
inhóspita posada,
posa ella sentada
alborotando el cabello
con sus manos inquietas,
arrodillando sus insumisos sentidos
ante la batuta de mi voz.
El rigor de la palabra,
lo mejor para los dos
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