dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Llegué a casa y mi mujer había salido. Dos horas después todavía no había llegado. La llegada de la tarde ya presagiaba la llegada de la noche. Miré el reloj y sonreí con la esperanza de que esta vez se cumpliera mi sueño de perderla de vista para siempre. Ya bien entrada la noche se presentó acompañada por un hombre. Como de costumbre, al entrar en casa, me ignoró. Los escuché hablar en la habitación de matrimonio. Ella habló de un muerto llamado Edwann. ¿Quién será ese que se llama lo mismo que yo?, pensé.
Desde hace algún tiempo me estoy dando cuenta de que nada es lo que parece. Hasta yo mismo dudo que sea realmente quien creo ser.
Cuando se marcha el hombre que acompañaba a mi mujer se despide con estas palabras: -Si Edwann te viese como estás ahora volvería nuevamente a la vida.-
Quisiera responderle al muy cretino que no pienso volver, que se la quede toda para él. Por curiosidad me acerco a la habitación para verla. Su cuerpo sería hermoso si no fuese porque las flores del ataúd donde duerme ya están putrefactas y huelen mal.
¿Y el hombre que se acaba de marchar? Es posible que sea el mismo diablo.
¿Y quién soy yo? No sé qué contestar. Entro en la habitación, aparto una rata del cuerpo de mi esposa y me tumbo junto a ella en el espacioso ataúd donde dormimos cada noche. Mi dulce Carlota se despierta e intenta abrazarme; aparto su brazo y me vuelvo dándole la espalda como cuando estábamos vivos.
Elñadio Parreño Elías
7-Mayo-2013
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