Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Para la mirada de los niños las estrellas pueden ser globos de fuego, luciérnagas grandotas, frutos de un enorme árbol de cristal.
Para la mirada de los niños el sol no está tan lejano. Quizá un poco más allá de las nubes, y las nubes son como los papalotes.
Los niños piensan que las olas son fauces de agua que juegan con ellos en las orillas de las playas, pero que si se meten más adentro se los comen por ser niños.
Los niños piensan que las cumbres nevadas son como las maquinas de helados, que la nieve está saliendo de dentro de los conos de los volcanes permanentemente.
Los niños piensan que los vientos son los soplidos de un gigante que vive muy lejos, tanto que no lo pueden ver, y que sopla todo el tiempo porque comió salsa mexicana.
Los niños piensan que su mamá es como un árbol y que ellos son una ramita chiquita.
Los niños piensan que su papá es un gigante que lo cuida a él y a su casa, para que otros gigantes no se lo lleven lejos.
Los niños creen que siempre serán niños, y que los grandes siempre han sido grandes.
Los niños creen que todo lo que dice mamá es verdadero y que así debe ser todo, como mamá dice.
Los niños creen que la vida es un juego y cuando jugando se golpean no saben quién les causó el dolor.
Los niños creen que todo el mundo es lo que los rodea y que todo lo demás está lejos del mundo.
Los niños piensan que todo lo que les ocurre tiene que ver con la voluntad de alguien que los quiere o que no los quiere.
Los niños creen que cuando algo los lastima, alguien vendrá de inmediato para aliviar su padecer.
Todo eso que los niños creen lo siguen creyendo los adultos, aunque hayan aprendido que las cosas no son tal como las piensan los niños; ante la adversidad y la incertidumbre, la desnudez acude a nosotros con su mente de niño, nos acaricia suavemente y luego de secarnos el llanto deja que surja el adulto para enfrentar la realidad.
Para la mirada de los niños el sol no está tan lejano. Quizá un poco más allá de las nubes, y las nubes son como los papalotes.
Los niños piensan que las olas son fauces de agua que juegan con ellos en las orillas de las playas, pero que si se meten más adentro se los comen por ser niños.
Los niños piensan que las cumbres nevadas son como las maquinas de helados, que la nieve está saliendo de dentro de los conos de los volcanes permanentemente.
Los niños piensan que los vientos son los soplidos de un gigante que vive muy lejos, tanto que no lo pueden ver, y que sopla todo el tiempo porque comió salsa mexicana.
Los niños piensan que su mamá es como un árbol y que ellos son una ramita chiquita.
Los niños piensan que su papá es un gigante que lo cuida a él y a su casa, para que otros gigantes no se lo lleven lejos.
Los niños creen que siempre serán niños, y que los grandes siempre han sido grandes.
Los niños creen que todo lo que dice mamá es verdadero y que así debe ser todo, como mamá dice.
Los niños creen que la vida es un juego y cuando jugando se golpean no saben quién les causó el dolor.
Los niños creen que todo el mundo es lo que los rodea y que todo lo demás está lejos del mundo.
Los niños piensan que todo lo que les ocurre tiene que ver con la voluntad de alguien que los quiere o que no los quiere.
Los niños creen que cuando algo los lastima, alguien vendrá de inmediato para aliviar su padecer.
Todo eso que los niños creen lo siguen creyendo los adultos, aunque hayan aprendido que las cosas no son tal como las piensan los niños; ante la adversidad y la incertidumbre, la desnudez acude a nosotros con su mente de niño, nos acaricia suavemente y luego de secarnos el llanto deja que surja el adulto para enfrentar la realidad.
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