Voy contando los silencios
que recorren nuestra casa,
silencios del limonero
que te añora en cada rama;
los silencios de tus libros
que allí, junto a la ventana
con un cuaderno de notas
aún esperan tu llegada.
Silencios del segundero
parece que agonizara
con silenciosos suspiros
del tiempo que se le escapa.
Los silencios de tus pasos,
silencios que me taladran,
silencios que van crujiendo,
¡ay!, silencios de hojarasca.
Tus silencios son un grito
de amarga desesperanza,
silencios llenos de ausencia
envueltos en madrugadas.
Los silencios de tus versos
en tu voz entrecortada
recitando las caricias
que en la piel me dibujabas.
Hoy se convirtió en rocío
todo el llanto de mi almohada,
tus silencios me descubren
que sin ti yo no soy nada.
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