Nada Vratovic
Poeta recién llegado
El mundo que invocasteis para mí
ha cercenado mi carne y mi mente.
Los Paraísos sodomizan a las pesadillas
y sus huesos crecen como ramas para enredarse en comunión.
Los techos oscilan y se pliegan unos sobre otros.
Caen así frente a mi mesa pedazos de ángeles:
sus ojos santos,
sus dedos envueltos en lombrices demoníacas,
los genitales inservibles que El Creador les cosió a modo de adorno.
¡Despertasteis Dioses mohosos en mi nombre
y me los introdujisteis a jeringazos y embestidas!
Sus larvas se pudren antes de nacer
y voy acumulando esos despojos bajo la piel,
pero eso es algo que nunca veréis.
Ni tampoco cómo metí mis órganos en bolsas de tela
y se los ofrecí a las polillas como exorcismo.
Nunca descifraréis mis heridas de jeroglífico:
las he lijado
tantas veces
que la superficie incluso parece virgen.
Por los suburbios de mis tripas
sembrasteis flores extintas,
con la corola tejida de dientes y el pistilo sifilítico.
Opiáceas,
segregan delirios nuevos cada mañana.
¡Puta adoración masoquista!
Aún siendo una caja pandórica de monstruosidades,
no tengo aquí espacio para el rencor.
ha cercenado mi carne y mi mente.
Los Paraísos sodomizan a las pesadillas
y sus huesos crecen como ramas para enredarse en comunión.
Los techos oscilan y se pliegan unos sobre otros.
Caen así frente a mi mesa pedazos de ángeles:
sus ojos santos,
sus dedos envueltos en lombrices demoníacas,
los genitales inservibles que El Creador les cosió a modo de adorno.
¡Despertasteis Dioses mohosos en mi nombre
y me los introdujisteis a jeringazos y embestidas!
Sus larvas se pudren antes de nacer
y voy acumulando esos despojos bajo la piel,
pero eso es algo que nunca veréis.
Ni tampoco cómo metí mis órganos en bolsas de tela
y se los ofrecí a las polillas como exorcismo.
Nunca descifraréis mis heridas de jeroglífico:
las he lijado
tantas veces
que la superficie incluso parece virgen.
Por los suburbios de mis tripas
sembrasteis flores extintas,
con la corola tejida de dientes y el pistilo sifilítico.
Opiáceas,
segregan delirios nuevos cada mañana.
¡Puta adoración masoquista!
Aún siendo una caja pandórica de monstruosidades,
no tengo aquí espacio para el rencor.
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