Los visitantes del balneario

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011


 
Última edición:
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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011

Des


Eladio, Hoy me super gusto tu cuento, porque estoy de acuerdo de que a donde vamos, no necesitamos ni zapatos ni guantes, solo haber hecho bien, para gozar de una hermosa estadia con Dios, por la eternidad!!!! saludos y carinos hoy me encantaste!!!!
 
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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011

Des



Sí que estremece. Qué manera tan extraordinaria de narrar, dulcinista. Te agradezco la invitación, ha sido delicioso leerte.
Abrazos
 
Saludos mi apreciado Dulcinista, nuevamente haces derroche de recursos literarios y lingüístico en esta maravillosa prosa, que me dejo sorprendida el final. Gracias a dios aun es de día ajjajajajaj. Felicitaciones. Saludos y estrellas. Besos con cariño.
 
Realmente genial, quede encantada, y ten por seguro que esta noche la señora de los guantes y su amable hijo te visitaran , jajajajaja
abrazitos fraternos y te
.felicito amigo Eladio.
Esperanzapaz
 
alicia Pérez Hernández;3438582 dijo:
Eladio, Hoy me super gusto tu cuento, porque estoy de acuerdo de que a donde vamos, no necesitamos ni zapatos ni guantes, solo haber hecho bien, para gozar de una hermosa estadia con Dios, por la eternidad!!!! saludos y carinos hoy me encantaste!!!!
Gracias, amiga Alicia por tu comentario. TE MANDO UN FUERTE BESO.
 
Saludos mi apreciado Dulcinista, nuevamente haces derroche de recursos literarios y lingüístico en esta maravillosa prosa, que me dejo sorprendida el final. Gracias a dios aun es de día ajjajajajaj. Felicitaciones. Saludos y estrellas. Besos con cariño.
Siempre intento sorprender en mis relatos. Gracias por tu comentario. Besos.
 
Realmente genial, quede encantada, y ten por seguro que esta noche la señora de los guantes y su amable hijo te visitaran , jajajajaja
abrazitos fraternos y te
.felicito amigo Eladio.
Esperanzapaz
Es un placer para mi tenerte entre la senda de mis escritos. Gracias por tu comentario, celebro que te haya gustado mi relato. Besos.
 
Buen uso de la sinécdoque narrativa (zapatos y guantes) y vertiginosos giros para contar en muy poco espacio una historia muy convincente. Enhorabuena. Luis
 
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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011

Des


Mi querido amigo, si es para dormir tranquila no hay problema, ya que posiblemente
alguno de mis gatos aparezca por la ventana y... tenga un color diferente ¡ja ja!
Le ofreceré comida...por las dudas!
¡¡¡Brrrrr!!! Me agarró frío!
Me encantó pues te lleva al desenlace tan rápido que te deja heladaaaaaa!!!
¡Felicitaciones, besos, mariposas y estrellas a tu cuento, poeta!
 
Estimado Eladio, tu pluma alza el vuelo cada vez más alto, portando relatos que nos atrapan. Te agradezco que me hayas invitado a leer éste, que es extraordinario.
 
Sorprendente relato, me ha dejado un poco extrañado... Los dos murieron y se presentan sus espíritus ante la directora del balneario...

Un saludo de Samuel.
 
Eladio supongo que estas recopilando estos relatos para armar un libro, tus escritos atrapan al lector, su calidad es muy buena. De sobra sabes que me ha encantado tu escrito. Ahora bien, sobre el tema del mismo, te comento que me ha asustado y me alegra no haberlo leido esta noche a las 12:00 .....

Amigo.... realmente es el espiritu de osa quien escribe estas lìneas pues es un contacto que no existe.....

jajajaja disculpa mi humor dentro del terror. Besitos a tu corazòn Eladio. Osa.


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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011

Des


muy buen cuento y claro que podre dormir... a ver si en uno de esos paseitos nocturnos por el area de playa encuentro a uno de los dos te los envío para que te informen si necesitan o no los guantes o zapatos..
El señor (ariel) asi lo bautice quien en muchas ocaciones viene a mi casa creo que no usa zapatos porque su caminar es tan sigiloso que solo veo su silueta cuando pasa... frente a mi puerta.
Si... es como piensas!!! EL SEÑOR ARIEL VIENE DEL MAS ALLÁ TAMBIÉN.
MUY BUENO ME ENCANTO SOY FANATICA DEL MISTERIO Y DEL SUSPENSO...
UNJ ABRAZO Y MUCHAS ESTRELLAS LUMINOSAS
MiSiVi
 
fantasmas... que los hay los hay como las brujas pero pocos son los que hablan, generalmente se comunican de otra manera .
yo no diria que es de terror el cuento pero... si que me gusto leerlo a pesar de ser tan corto ademas me encanto el final fantasmas de dia,porque es cierto que casi siempre aparecen de noche .besitos desde argentina.
 
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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011

Des


Amigo Dulcinista,me encantan tus cuentos,me causan escalofríos
pero sigo leyendolos.Tienes verdaderamente un don.
Besos y estrellas para tu pluma.
 
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La señora Petra Hinker decidió que su hijo pasara una temporada en un balneario situado en Norderney para curarse de cierta debilidad nerviosa que según ella estaba causada por su disipado vivir. De sobra lo sabía el hijo, que o se avenía a los deseos de su madre o su asignación anual bajaría su cuantía hasta convertirse en una cantidad ridícula con la que le resultaría imposible pagarse sus caprichos; así que pensó con hastío que una temporada en un balneario situado en el Mar del Norte no le haría ningún mal.
Desde pequeña, la señora Petra Hinker había sido educada para mandar, para ser obedecida, con lo que cuando tomaba una decisión era imposible disuadirla de sus deseos.
- Las referencias que me ha dado mi amiga Roderica Stein sobre dicho balneario son inmejorables - le informó la madre el mismo día de su partida- yo misma pasé una temporada en él poco después de morir papá, y tengo una buena amistad con la directora, aunque no sé si ella aún se acordará de mí.
- Debí haberme comprado unos zapatos que casen bien con el nuevo traje que me has regalado - comentó el hijo.
- Cuando vuelvas iremos los dos de compras, yo también necesito unos guantes nuevos- informó la madre.
La directora del balneario era una mujer alta y delgada que se ayudaba de un bastón con la empuñadura de plata para andar.
- He quedado encantada con la amabilidad y la simpatía de su hijo- le comentó a la señora Petra Hinker.
- Eso es imposible, mi querida señora, mi hijo murió en el transbordador que lo traía aquí. Por lo tanto usted no puede haberlo conocido - contestó la madre con asombrada tristeza.
- ¡ Oh, es asombroso lo que usted me está diciendo !, pero yo le aseguro que el joven Ahren se presentó como su hijo. Aún recuerdo las últimas palabras que pronunció dirigidas a usted - afirmó la directora con voz enérgica.
- ¿ Cuáles fueron esas palabras ? - preguntó la señora Petra Hinker.
- Dígale a mi madre cuando la vea que en el lugar de donde vengo no se necesitan zapatos - ese es el mensaje que su hijo dejó para usted.
- Si vuelve a verlo, dígale que de donde vengo yo no hacen falta guantes, porque las manos que han sido comidas por los gusanos no sienten el frío del invierno - contestó la madre.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la directora. Bajó la mirada para contemplar los zapatos de Petra Hinker y no vio a nadie, estaba sola en medio de la espaciosa sala que servía de recibidor. Contempló el ramo de azucenas naranjas y purpúreas dentro del antiguo jarrón chino heredado de su abuela y vió a través de la ventana a un gato blanco que dormía plácidamente al sol.

Eladio Parreño Elías

29-Mayo-2011

Des

Interesante y misterioso relato, nos vamos como vinimos sin zapatos ni guantes y cada cual para su propio lado.
Mil esttrellas y mis cariños.
 
Mi querido amigo, si es para dormir tranquila no hay problema, ya que posiblemente
alguno de mis gatos aparezca por la ventana y... tenga un color diferente ¡ja ja!
Le ofreceré comida...por las dudas!
¡¡¡Brrrrr!!! Me agarró frío!
Me encantó pues te lleva al desenlace tan rápido que te deja heladaaaaaa!!!
¡Felicitaciones, besos, mariposas y estrellas a tu cuento, poeta!
Gracias, mi querida Matilde. Fue un placer. Besos. Cuiodado amiga, que los gatos muchas veces son verdaderos fantasmas que roban el alma de quien los mira, jajaja. Besos.
 
Victor Ríos;3438887 dijo:
Estimado Eladio, tu pluma alza el vuelo cada vez más alto, portando relatos que nos atrapan. Te agradezco que me hayas invitado a leer éste, que es extraordinario.
Gracias amigo Victor, celebro que te haya gustado. Besos para ti.
 
PEQUEÑO GRANITO DE ANIS;3438913 dijo:
Woooooooooowwwww excelente mi querido escritor, lograste tu objetico y la piel se me erizo completita.

Felciidades un placer siempre leerte y contarte entre mis amigos.

Besos
Eso es lo que pretendía este relato, dar un poco de miedo, pero tampoco sin exagerar. Besos.
 
jajajaja... mi amigo Dulci... ¿Así que al leer esta historia iba a dormir más plácidamente? jajajaj

!Eres tremendo! ... me ha encantado.. lo dicho .. eres muuuy bueno, amigo mio...

Besitos llenos de cariño para ti....................... Bet
 
Eladio supongo que estas recopilando estos relatos para armar un libro, tus escritos atrapan al lector, su calidad es muy buena. De sobra sabes que me ha encantado tu escrito. Ahora bien, sobre el tema del mismo, te comento que me ha asustado y me alegra no haberlo leido esta noche a las 12:00 .....

Amigo.... realmente es el espiritu de osa quien escribe estas lìneas pues es un contacto que no existe.....

jajajaja disculpa mi humor dentro del terror. Besitos a tu corazòn Eladio. Osa.



Tu sentido del humor es muy bueno, aunque yo estoy seguro de que sí que existes, y que has escrito dos poemas muy buenos, a no ser que los haya escrito un fantasma en tu nombre, jejeje. Besos para ti, y gracias por tu comentario.
 
Me ha encantado!!! pero me ha entrado un poco de risa nerviosa...uyyy que oscura está ahora mi habitación jajaja.
Que gigante eres!! besos..NUNA.
 

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