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Luces de la imaginación

Rosendo

Poeta adicto al portal
Contemplando la luz del firmamento
quise en mis versos que la noche oscura
se llenara de brillos de la altura;
y absorto contemplé en mi pensamiento

que esparciéndose en oro de centellas,
-cual lampos de luciérnagas en vuelo-
bajaban al océano desde el cielo,
a jugar con el agua las estrellas.

Que el mar inquieto en su corcel de combas
retrataba la faz de los luceros
y un cortejo fugaz de reverberos
escoltaba la marcha de las ondas.

Y que los ondulantes espejuelos
como si fueran argentados peces
se dispersaban incontables veces
y atrapaba en la red de mis anhelos.

Así desde un lugar de la caleta,
mirando con los ojos de mi mente,
vi las luces del mar fosforescente
en mi intento febril de ser poeta.
 
Contemplando la luz del firmamento
quise en mis versos que la noche oscura
se llenara de brillos de la altura;
y absorto contemplé en mi pensamiento

que esparciéndose en oro de centellas,
-cual lampos de luciérnagas en vuelo-
bajaban al océano desde el cielo,
a jugar con el agua las estrellas.

Que el mar inquieto en su corcel de combas
retrataba la faz de los luceros
y un cortejo fugaz de reverberos
escoltaba la marcha de las ondas.

Y que los ondulantes espejuelos
como si fueran argentados peces
se dispersaban incontables veces
y atrapaba en la red de mis anhelos.

Así desde un lugar de la caleta,
mirando con los ojos de mi mente,
vi las luces del mar fosforescente
en mi intento febril de ser poeta.
Magnífico, Rosendo!!!! Y que siga por mucho tiempo ese instinto.
Fuerte abrazo.
 
Contemplando la luz del firmamento
quise en mis versos que la noche oscura
se llenara de brillos de la altura;
y absorto contemplé en mi pensamiento

que esparciéndose en oro de centellas,
-cual lampos de luciérnagas en vuelo-
bajaban al océano desde el cielo,
a jugar con el agua las estrellas.

Que el mar inquieto en su corcel de combas
retrataba la faz de los luceros
y un cortejo fugaz de reverberos
escoltaba la marcha de las ondas.

Y que los ondulantes espejuelos
como si fueran argentados peces
se dispersaban incontables veces
y atrapaba en la red de mis anhelos.

Así desde un lugar de la caleta,
mirando con los ojos de mi mente,
vi las luces del mar fosforescente
en mi intento febril de ser poeta.
Excelente poema, poeta Rosendo. Saludos cordiales.
Luci.
 
Contemplando la luz del firmamento
quise en mis versos que la noche oscura
se llenara de brillos de la altura;
y absorto contemplé en mi pensamiento

que esparciéndose en oro de centellas,
-cual lampos de luciérnagas en vuelo-
bajaban al océano desde el cielo,
a jugar con el agua las estrellas.

Que el mar inquieto en su corcel de combas
retrataba la faz de los luceros
y un cortejo fugaz de reverberos
escoltaba la marcha de las ondas.

Y que los ondulantes espejuelos
como si fueran argentados peces
se dispersaban incontables veces
y atrapaba en la red de mis anhelos.

Así desde un lugar de la caleta,
mirando con los ojos de mi mente,
vi las luces del mar fosforescente
en mi intento febril de ser poeta.

En tu intento de ser poeta lo conseguiste, como dominas, te felicito de corazón.- Saludos cordiales.
 
Contemplando la luz del firmamento
quise en mis versos que la noche oscura
se llenara de brillos de la altura;
y absorto contemplé en mi pensamiento

que esparciéndose en oro de centellas,
-cual lampos de luciérnagas en vuelo-
bajaban al océano desde el cielo,
a jugar con el agua las estrellas.

Que el mar inquieto en su corcel de combas
retrataba la faz de los luceros
y un cortejo fugaz de reverberos
escoltaba la marcha de las ondas.

Y que los ondulantes espejuelos
como si fueran argentados peces
se dispersaban incontables veces
y atrapaba en la red de mis anhelos.

Así desde un lugar de la caleta,
mirando con los ojos de mi mente,
vi las luces del mar fosforescente
en mi intento febril de ser poeta.



Me ha sorprendido gratamente este poema de luces y de anhelos, Rosendo. Bonitas metáforas le confieren una belleza especial.

Un cordial saludo
 
Contemplando la luz del firmamento
quise en mis versos que la noche oscura
se llenara de brillos de la altura;
y absorto contemplé en mi pensamiento

que esparciéndose en oro de centellas,
-cual lampos de luciérnagas en vuelo-
bajaban al océano desde el cielo,
a jugar con el agua las estrellas.

Que el mar inquieto en su corcel de combas
retrataba la faz de los luceros
y un cortejo fugaz de reverberos
escoltaba la marcha de las ondas.

Y que los ondulantes espejuelos
como si fueran argentados peces
se dispersaban incontables veces
y atrapaba en la red de mis anhelos.

Así desde un lugar de la caleta,
mirando con los ojos de mi mente,
vi las luces del mar fosforescente
en mi intento febril de ser poeta.
Bonito poema, Roendo. Saludos
 

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