Caminé frente
al café filósofo, olía
a campos de té de mora,
incienso de manzano, finas
piezas de madera y que nunca
consultaron si querían estar allí.
Entré y mis ojos, por el humo
y el vapor de los tés calientes,
se humedecieron. Pedí una cerveza
y me dijeron, -no, solo vino, té, y agua-
Dulce retina eléctrica la que me mira
invitándome a probar un té, a su sonrisa
de la cual noté puso lo más de esta en el
té de frutos rojos que sin más decidí tomar.
El café de los poetas, Salento, Colombia.
Es difícil explicar por qué existe este café, pero las letras nos han enseñado el arte de seleccionar los momentos para esparcir poesía.
Fidel Guerra. Feb, 26, 2023.
al café filósofo, olía
a campos de té de mora,
incienso de manzano, finas
piezas de madera y que nunca
consultaron si querían estar allí.
Entré y mis ojos, por el humo
y el vapor de los tés calientes,
se humedecieron. Pedí una cerveza
y me dijeron, -no, solo vino, té, y agua-
Dulce retina eléctrica la que me mira
invitándome a probar un té, a su sonrisa
de la cual noté puso lo más de esta en el
té de frutos rojos que sin más decidí tomar.
El café de los poetas, Salento, Colombia.
Es difícil explicar por qué existe este café, pero las letras nos han enseñado el arte de seleccionar los momentos para esparcir poesía.
Fidel Guerra. Feb, 26, 2023.