**Luz en la Sombra**
En lo profundo de cada ser,
un fuego eterno arde y brilla,
valores que el tiempo no puede esconder,
tesoros en el alma que se destila.
La bondad, un susurro en el viento,
un abrazo que calma y acaricia,
un gesto sencillo, un acto sin tiempo,
un faro en la niebla que nos justifica.
La empatía es la huella del amor,
un puente que une corazones distantes,
ver en el otro nuestro propio dolor,
y hallar en su lucha nuestras propias constantes.
La esperanza es un canto en la noche,
una estrella que guía en la tormenta,
la fe en el mañana, el alma derroche,
en cada latido, su luz se alimenta.
La verdad es un río que fluye profundo,
en su caudal, la esencia del ser,
el reflejo de un mundo que grita en un segundo,
un eco de justicia que no deja de arder.
Y en la risa, en la alegría compartida,
un eco de vida que abraza y renueva,
los sueños que alzamos, la fuerza que anida,
son alas en el viento que el alma eleva.
Cada valor, un hilo en el tejido,
una red invisible que nos entrelaza,
en el silencio del ser, lo no oído,
es un canto de vida que jamás se desplaza.
Así, en lo cotidiano, la grandeza se asoma,
en cada mirada, en cada acción,
valores humanos, el alma se toma,
el espejo del otro, nuestra conexión.
Si tan solo pudiéramos mirar
en el fondo del ser, la esencia en verdad,
encontrar en lo simple, el amor a brotar,
y hacer de este mundo, un hogar de unidad.
En lo profundo de cada ser,
un fuego eterno arde y brilla,
valores que el tiempo no puede esconder,
tesoros en el alma que se destila.
La bondad, un susurro en el viento,
un abrazo que calma y acaricia,
un gesto sencillo, un acto sin tiempo,
un faro en la niebla que nos justifica.
La empatía es la huella del amor,
un puente que une corazones distantes,
ver en el otro nuestro propio dolor,
y hallar en su lucha nuestras propias constantes.
La esperanza es un canto en la noche,
una estrella que guía en la tormenta,
la fe en el mañana, el alma derroche,
en cada latido, su luz se alimenta.
La verdad es un río que fluye profundo,
en su caudal, la esencia del ser,
el reflejo de un mundo que grita en un segundo,
un eco de justicia que no deja de arder.
Y en la risa, en la alegría compartida,
un eco de vida que abraza y renueva,
los sueños que alzamos, la fuerza que anida,
son alas en el viento que el alma eleva.
Cada valor, un hilo en el tejido,
una red invisible que nos entrelaza,
en el silencio del ser, lo no oído,
es un canto de vida que jamás se desplaza.
Así, en lo cotidiano, la grandeza se asoma,
en cada mirada, en cada acción,
valores humanos, el alma se toma,
el espejo del otro, nuestra conexión.
Si tan solo pudiéramos mirar
en el fondo del ser, la esencia en verdad,
encontrar en lo simple, el amor a brotar,
y hacer de este mundo, un hogar de unidad.