Madre tierra

Sebastián Serrizuela

Poeta recién llegado
Nos cocinamos a fuego lento.
El odio nos está comiendo.
Nuestro desprecio a la vida es el caldo de este mal.
Mal que día a día cometemos y es el hilo de sangre de nuestro destino.
La naturaleza nos habla pero no la oímos...
Y así la vida pasa y seguimos lastimando aquello que amamos, y es aquello quién nos ayuda a respirar día a día.
Matamos, arrancamos, eliminamos, desaparecemos,
todo lo que la tierra nos da.
Seguimos siendo culpables de nuestro destino,
de nuestro fracaso en este mundo.
Y no nos damos cuenta que nos estamos matando
y que la naturaleza nos está avisando​
 
Nos cocinamos a fuego lento.
El odio nos está comiendo.
Nuestro desprecio a la vida es el caldo de este mal.
Mal que día a día cometemos y es el hilo de sangre de nuestro destino.
La naturaleza nos habla pero no la oímos...
Y así la vida pasa y seguimos lastimando aquello que amamos, y es aquello quién nos ayuda a respirar día a día.
Matamos, arrancamos, eliminamos, desaparecemos,
todo lo que la tierra nos da.
Seguimos siendo culpables de nuestro destino,
de nuestro fracaso en este mundo.
Y no nos damos cuenta que nos estamos matando
y que la naturaleza nos está avisando​

Más filosófico que realista, quizá, en fin...

Hacemos todo esto, porque somos los que estamos acá.
 
Sebastián, no te quepa la menor duda,
de que el hombre despertará.
Y podrá ver, con sus ojos, nítidamente.
Todo cuando hay a su alrededor.


Y si no despierta a tiempo, ¡ Paciencia !


Que es la madre de la ciencia.
Y la avaricia rompe el saco.
Luego por tanto, son muchos los ricos,
que no quieren compartir.


Y en esa aparente cúspide,


de la pirámide social,
cohabitan los generosos, como Bill Gates,
fundador de Micro-Soft,
con otros multi-millonarios que apuestan


por el petróleo, y ahí está el talón de Aquiles.


Si propones una alternativa,
y la inventas y la patentas,
te mandan unos sicarios, y en la obscuridad de la noche,
te asesinan.


Para que tú veas cómo la verdadera grandeza


es la humildad. Y no tanto,
nadar en la abundancia, como el Tío Gilito.
Si bien, al menos el Tío Gilito vivía
numerosas Pato-Aventuras.


Como diría Sócrates:


Ni los reyes ni los gobernantes llevan el cetro.
Sino quienes saben mandar.
Por ejemplo, en mi casa, a veces, por Navidad,
manda mi sobrina. ¡ Oh ! Y su hermano pequeño,


del cuál, soy el padrino. ¿ Oh, lalá ?
 
Nos cocinamos a fuego lento.
El odio nos está comiendo.
Nuestro desprecio a la vida es el caldo de este mal.
Mal que día a día cometemos y es el hilo de sangre de nuestro destino.
La naturaleza nos habla pero no la oímos...
Y así la vida pasa y seguimos lastimando aquello que amamos, y es aquello quién nos ayuda a respirar día a día.
Matamos, arrancamos, eliminamos, desaparecemos,
todo lo que la tierra nos da.
Seguimos siendo culpables de nuestro destino,
de nuestro fracaso en este mundo.
Y no nos damos cuenta que nos estamos matando
y que la naturaleza nos está avisando​
Muy buena tu reflexión y tienes mucha razón...estamos destrozando nuestra madre tierra..somos muy mal agradecidos , lo peor es que estamos indiferente al problema...muy lamentable. Grato leerte , un abrazo
 

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