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Mamá ya no me habla

ricardo felipe

Poeta recién llegado
Mamá ya no me habla, no me sonríe,
lejos están quedando esos días de inmensa felicidad,
felicidad que me envolvía cuando me cantaba en mi cuna,
cuando me regañaba cuando no hacía las tareas,
cuando me recordaba que había que rezar y agradecerle a Dios,
cuando le contaba mis anécdotas y sonreía mientras me acariciaba.

Ella fue bastión que nos protejía cuando papá estaba lejos
y nos inculcó tantas cosas que yo recuerdo en momentos como éste,
mamá fue mi eterna compañera y siento que mi pecho arde,
ahora que me embargan lágrimas en forma ascendente,
cuando la veo mirar el horizonte sin entender donde quedaron sus recuerdos.

Mamá camina cabizgaja y despacio
alumbrando su silencio con su cabellera blanca como perlas del fondo del mar,
como tarde que busca su café con leche, rodeado de los suyos y no los encuentra
y sin embargo aún germinan de sus ojos esa luz que lo alumbaba todo.

Mamá dejó de ser la misma y me duele tanto,
porque no quiero, ni puedo entender esto del tiempo y su inclemencia,
aún espero que sea ella quien me despierte temprano cuando no quería ir al colegio,
la que me alistaba el refrigerio y me planchaba mi camisa blanca.

Mamá ya no me habla, alguna rara vez me sonríe
y aunque no me reconoce su mirada,
puedo decir con absoluta firmeza que su corazón sí me tiene presente,
callada, tranquila, ella pasa estos días siendo mi más grande tesoro que aún conservo conmigo
mientras la beso en la frente y la abrazo intensamente porque sé que pronto marchará.

Mamá ya no me habla, pero su amor grita en la eternidad.

Ricardo Felipe
El último bardo
 
Mamá camina cabizbaja y despacio
alumbrando su silencio con su cabellera blanca como perlas del fondo del mar,
como tarde que busca su café con leche, rodeado de los suyos y no los encuentra
y sin embargo aún germinan de sus ojos esa luz que lo alumbaba todo.

Mamá dejó de ser la misma y me duele tanto,
porque no quiero, ni puedo entender esto del tiempo y su inclemencia,
aún espero que sea ella quien me despierte temprano cuando no quería ir al colegio,
la que me alistaba el refrigerio y me planchaba mi camisa blanca.

Mamá ya no me habla, alguna rara vez me sonríe
y aunque no me reconoce su mirada,
puedo decir con absoluta firmeza que su corazón sí me tiene presente,
callada, tranquila, ella pasa estos días siendo mi más grande tesoro que aún conservo conmigo
mientras la beso en la frente y la abrazo intensamente porque sé que pronto marchará.

Mamá ya no me habla, pero su amor grita en la eternidad.

Ricardo Felipe
El último bardo
Es una despedida anticipada muy triste y desoladora.
Un saludo, Ricardo.
 
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