Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
El vigilante dormido en soledades negras,
ha perdido de mi blanca hoja las palabras.
Y me he quedado en el silencio oscuro
de los libros no leídos, de los poemas
no consagrados, que se han ido
en las manos del tiempo. Ese tiempo
que no se me ha dado, tiempo por otros perdido,
riqueza que se negara a mí y a ellos.
A mí, que me ha faltado, no he tenido
la suerte de no precisarlo, pues, tantas cosas
me han quedado pendientes, como un ansia
insatisfecha en el existir medido.
Quiero ver, llegar a cada rincón, no dejar
por conocer nada, que sea la tierra casa
que habito y conozco, en sus sonidos,
en sus colores, en el olor de las mujeres,
en el tacto rumoroso de caricias que aun espero.
Brazos, regazos, senos que serán refugio,
ese refugio donde guardar el deseo,
bocas que se abran para risas, para amores,
torrentera de palabras, fábrica del beso.
Blanca hoja del vivir que anhelo
que espero cubrir con rasgos de mi pluma,
pasión de tiempo, con vida, con amor y cielo.
ha perdido de mi blanca hoja las palabras.
Y me he quedado en el silencio oscuro
de los libros no leídos, de los poemas
no consagrados, que se han ido
en las manos del tiempo. Ese tiempo
que no se me ha dado, tiempo por otros perdido,
riqueza que se negara a mí y a ellos.
A mí, que me ha faltado, no he tenido
la suerte de no precisarlo, pues, tantas cosas
me han quedado pendientes, como un ansia
insatisfecha en el existir medido.
Quiero ver, llegar a cada rincón, no dejar
por conocer nada, que sea la tierra casa
que habito y conozco, en sus sonidos,
en sus colores, en el olor de las mujeres,
en el tacto rumoroso de caricias que aun espero.
Brazos, regazos, senos que serán refugio,
ese refugio donde guardar el deseo,
bocas que se abran para risas, para amores,
torrentera de palabras, fábrica del beso.
Blanca hoja del vivir que anhelo
que espero cubrir con rasgos de mi pluma,
pasión de tiempo, con vida, con amor y cielo.