La tarde se retira lentamente
y la sombra se alarga por la arena
como otras tardes, lánguida, serena,
de mano de la brisa dulcemente.
La tarde es corta y pasa por mi frente
con un aroma añejo que envenena
el alma y al recuerdo lo oxigena
para que salga y entre libremente.
Y este vaivén de océano vibrante,
de dulces besos y de blanca espuma
que en mi mano vacía se derrama,
llega sobre mi pena, que incesante
rea por la nostalgia, crece y suma
una brasa de amor que al cielo clama.