kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dedicado
MÁS PRESENCIA Y MENOS PLANES, ¡MIAU!
Siguiendo su compás la noche afila
la sombra del ciprés en tu mirada
mientras unas pestañas de vainilla
sobrevuelan la paz de tu naufragio.
Un mar de paz y angustia, una pira
que arde en el centro de tu gravedad.
Los estorninos del recuerdo silban
en el embalse de tus ojos claros
y evocas a aquel joven que rugía
y no dejaba un solo espacio al tiempo;
¡es normal, compañero: así es la vida!
No renuncies jamás al horizonte,
por muy pequeño que te sientas, ¡gira!
y contempla tu huella allá en la nieve.
¡Por favor!, no renuncies y camina:
respeta el privilegio de tu pulso.
Me encanta cuando tu alma es la premisa
y la razón te escucha y no te frena...
Pero te dura poco esa conspicua
presencia de tu ser. Cirros de planes
surcan los cielos grises de tu sima
y te pones el traje de los muertos
y dices que mañana será el día.
¡Siempre mañana!, ¡siempre detenido!,
¡solo deja su huella quien camina!,
te lo diré las veces que haga falta.
El tiempo es una dimensión fallida,
tú a lo tuyo: dedícate a vivir
que el tiempo enroca al alma en un sofisma.
Así que aparca, amigo, esos planes
para no hacerle el juego a la mentira,
para poder hacerlos realidad.
¿Y el pasado? El pasado es la ceniza
de aquel mundo cadáver. ¡Solo ahora
existe el ser que alumbra tu cornisa!
Y nada más, querido compañero.
Necesito mi espacio, pero avisa
cuando la noche larga te descubra.
Si supieras la calma que me brinda
el fado que maúllas esta tarde.
¿Sabes que a veces en tu alma acuífera
alcanzo a comprender que la existencia
es la vida sintiéndose a sí misma?
Es dura la ansiedad y es que no es fácil
ser parte viva de esta serpentina,
¡¿pero qué coño es si no la existencia?!
¡Miau! Te quiero poeta de la brisa.
Gracias, humano, por temblar conmigo.
Formamos parte de una geometría
que asciende (o precipita) en una hélice
con la ley de que nada se repita,
descorchando la vida con su muerte.
En fin, qué corta y frágil es la rima
del verso que nos toca recitar.
Pero qué bello estar aquí..., ¡la vida!,
ser joven y cruzado el meridiano
florecer y morir como la pita.
Kalkbadan
En Madrid, a 5 de julio de 2020
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