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Matilde y Martín

Tema en 'Poemas Fantásticos, terror, míticos y tecnológico' comenzado por miara, 1 de Marzo de 2016. Respuestas: 2 | Visitas: 456

  1. miara

    miara Poeta asiduo al portal

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    Mujer
    Era Matilde,
    Mujer apasionada y vehemente,
    Que vivía en una ciudad
    Allá en época lejana,
    Cuando se hacían torneos
    Y se batían a espada.

    Aspiraba a ser la dama
    De un caballero valiente,
    Que con sólo mirarla pudiera
    Entregarle su vida
    Y convertirse en su consorte.

    Suspiraba emocionada cuando
    Se iniciaban las lides;
    Pero aunque era hermosa,
    Le faltaba buena bolsa y posición
    Que tentara a pretendientes.

    Era Martín, un mozo
    Tal vez del montón,
    Pero era decidido
    Y muy emprendedor.
    Con mucho trabajo y ahínco
    Y la ayuda de su padre,
    Que era veterano herrero,
    Puso una pequeña taberna
    Que por lo que veía
    Éxito tendría.

    A Matilde amaba
    Desde que eran niños,
    Pues su padre había
    Para el de ella, trabajado.
    Matilde estaba más alto
    En el escalafón,
    Pero las deudas de su padre
    Y su mala reputación,
    Habían reducido sus posibilidades
    De hacer matrimonio
    Entre los de su condición.

    Martín soñaba con hacer fortuna
    Y lograr que Matilde por fin
    En él se fijara,
    Pero ella coqueteaba
    Más de la cuenta
    Con caballeros que tenían
    La boca muy suelta,
    Llenos de promesas vanas
    Que no quedaban en nada.

    Martín se sentía herido
    Al ver que ella en él,
    No reparaba,
    Pero sí en aquellos señores
    Que eran mucha fachada,
    Orgullo vano
    Y miseria hasta en la vaina.

    “Matilde, te ruego
    Que cuidado tengas.
    Tu crees que entre tales señores,
    Marido encuentras.
    Pero tú no eres lo que ellos necesitan.
    Tomarán de ti lo que les dejes,
    Pero anillo de boda
    No lucirán tus dedos
    Porque ellos buscan mujer
    Que les mantenga”.

    “Martín, no me hables así
    Que no te lo consiento.
    Aunque mucho te aprecio
    Por los años en que nos conocemos,
    No tienes derecho a darme consejo.
    Yo haré lo que quiera
    Porque es mi voluntad.
    Deseo alguien con honores,
    Valiente, apuesto,
    A quien pueda admirar,
    Y si tu piensas que
    En esa categoría estás,
    Ya lo puedes olvidar”.

    Martín se fue cabizbajo
    Pues sabía que ella
    No se quedaría satisfecha
    Hasta que no lo consiguiera
    Ó se diese contra el suelo.
    Puso todo su empeño
    En su meta laboral
    Pues eso si que lo podía controlar.

    Su mano era especial para la cocina
    Y platos de sabores inusuales
    De sus peroles salían.
    La voz corrió por la ciudad
    Que en la taberna de Martín,
    Se comía de verdad.
    Sus clientes crecieron
    Y eran de los de calidad.
    Su taberna lugar de moda
    Y de encuentro,
    Y con su éxito,
    El oro sus manos llenó.

    Mientras, Matilde se quedó huérfana.
    Su padre, durante una borrachera,
    Se desnucó y se quedó con mil deudas
    Dada su mala administración.
    Matilde había logrado la atención
    De un señor de medio pelo,
    apuesto y bravucón,
    De sonrisa embaucadora
    Y palabras de trovador.

    Ya las campanas de boda
    En sus oídos sonaban.
    Dante, el joven que Matilde adoraba,
    Le pidió pruebas de su verdadero amor,
    Y ésta, convencida,
    A él se entregó.

    A la mañana siguiente,
    Dante le comentó
    La noche tan maravillosa
    Que con ella pasara,
    Pero que le tenía que decir adiós.
    Matilde, asustada, le dijo
    Que ahora estaban más unidos
    Y que su boda,
    Dado que su virtud le entregara,
    Debía ser inmediata.

    Dante, rió y le dijo
    Que él tenía otros proyectos;
    Nunca se casaría con mujer como ella,
    Arruinada y con una reputación manchada,
    La de su padre y la propia,
    Que con el primero que se lo pidió,
    Perdió su honor.

    Matilde le gritó ,le golpeó,
    Pero como si basura fuera
    De su casa la echó,
    Y así llorando,
    La joven por la calle corrió.

    Martín la vio
    Y a su encuentro fue.
    Entre sus brazos la acogió
    Y escuchó entre sollozos
    Su confesión.

    “No pasa nada.
    De esto te recuperarás.
    Te servirá en adelante
    Para que por una fachada
    No juzgar un corazón”.

    “Martín, estoy deshonrada.
    Fui de él.
    ¿Quién me querrá,
    Sin dinero ó dote
    Y con este baldón?
    Ya ni para un porquerizo
    Buena esposa seré.
    Es inútil; Mi ruina busqué”.

    “Para qué buscar un porquerizo
    Si un tabernero tienes
    Que no le importa lo que seas,
    Ni lo que tengas,
    Ni lo que hiciste,
    Pues su amor es suficiente
    Para retar al destino
    Y hacerte olvidar sufrimientos,
    Si tú se lo permites”.

    “¿Tú, Martín?.
    ¿Tú me quieres
    A pesar de lo que he hecho
    Y lo mal que me he portado?”.

    “Sí, Matilde.
    Te pido que seas mi esposa,
    Así como estás,
    Sin bienes, ni tesoros que te adornen.
    Sólo te pido que me dejes mi amor entregar
    Y a cambio
    yo te daré la satisfacción que buscas,
    Tu bienestar”.

    Matilde le dijo que sí
    Y él la besó.
    En su esposa la convirtió;
    La prosperidad les llegó
    Y Matilde aprendió
    Que es mejor tener
    A un pobre y honrado trabajador
    Que te entregue su pasión
    Que caballero de brillante armadura,
    Reluciente, peripuesto y fanfarrón,
    Que se lleve tu ilusión.


    Y nunca se arrepintió
    Porque con Martín
    Cada día fue feliz
    Hasta que llegó su fin.
     
    #1
  2. EBAN

    EBAN Miembro del Jurado Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA

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    He disfrutado tu escrito. Gracias por compartir esta historia que deja una leccion y un final donde el amor es mas fuerte que todo.
    Saludos y afectos
    EBAN
     
    #2
  3. Jorge Lemoine y Bosshardt

    Jorge Lemoine y Bosshardt MAESTRO

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    Excelentes letras de una página maravillosa de emocionante inspiración.
    Jorge Lemoine y Bosshardt, "Estrella Máxima" de Mundo Poesía.
     
    #3

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