Asklepios
Incinerando envidias
Me alegran esas mañanas cálidas, soleadas, en las que, no sé por qué, no pueden entrar las prisas y todo sucede,-o así me parece-, lento y apacible. Más me alegro cuando me palpito consciente de eses momentos. Entonces, me paro y respiro lento y profundo queriendo sentir lo más posible la experiencia; queriendo también, intentando, que se me quede grabada en mi almacén de recuerdos para siempre. A veces, su brevedad me deja inquieto para el resto del día. Otras veces, se alarga tanto, que llego a disfrutar de sus restos el resto del día.
Son momentos que corren libres por sí solos pero sin prisas y que, finalmente, se desvanecen por sí solos a lo largo de contados días que, sin remedio, han de dejarse pasar unos detrás de otros.
Son momentos que corren libres por sí solos pero sin prisas y que, finalmente, se desvanecen por sí solos a lo largo de contados días que, sin remedio, han de dejarse pasar unos detrás de otros.