Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Me enseñaron lo justo y me subí a horcajadas
en una bicicleta sin vergüenza ninguna,
que paseó mis tardes y me curó la hambruna
de saber lo no escrito entre dos pedaladas.
A favor de la adversa corriente, en las bajadas,
encontré desengaños y también su vacuna,
e intentando aliarme con mi buena fortuna
acometí subidas de lo más arriesgadas.
Fui aprendiendo, sin prisas, el quid de la cuestión,
llenándome el bolsillo y en parte el corazón
de lo que buenamente pude y quise aprender.
Conseguí combinar un cuarto de razón,
otro de buena fe y un tercio de ilusión;
del resto no me acuerdo. ¡Qué le vamos a hacer!
en una bicicleta sin vergüenza ninguna,
que paseó mis tardes y me curó la hambruna
de saber lo no escrito entre dos pedaladas.
A favor de la adversa corriente, en las bajadas,
encontré desengaños y también su vacuna,
e intentando aliarme con mi buena fortuna
acometí subidas de lo más arriesgadas.
Fui aprendiendo, sin prisas, el quid de la cuestión,
llenándome el bolsillo y en parte el corazón
de lo que buenamente pude y quise aprender.
Conseguí combinar un cuarto de razón,
otro de buena fe y un tercio de ilusión;
del resto no me acuerdo. ¡Qué le vamos a hacer!
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