Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora
que mi perdida de oído
se ha vuelto preocupante
y no distingo bien
la voz de los políticos,
me siento liberado.
Ahora
que confundo el color
de las banderas que cuelgan
como ropa interior
de los balcones al uso,
consistorios,
cementerios,
me siento liberado.
Ahora
que las articulaciones
de mis dedos artríticos
no me dejan estrechar
la mano del banquero
o hacer gestos obscenos
al rival en el campo,
me siento liberado.
Ahora
que los sabios del estado
me creen incompetente
para llenar sus arcas
de gotas de cianuro,
me siento liberado.
Me siento liberado
ahora que duermo en los laureles
de una total indiferencia
por lo que piensen los otros.
Y esos cuadros de honor
que cuelgan de las paredes
de los lugares de culto
tienen hoy menos valor
que el rollo de papel higiénico
tan escaso
últimamente.
Me siento liberado.
que mi perdida de oído
se ha vuelto preocupante
y no distingo bien
la voz de los políticos,
me siento liberado.
Ahora
que confundo el color
de las banderas que cuelgan
como ropa interior
de los balcones al uso,
consistorios,
cementerios,
me siento liberado.
Ahora
que las articulaciones
de mis dedos artríticos
no me dejan estrechar
la mano del banquero
o hacer gestos obscenos
al rival en el campo,
me siento liberado.
Ahora
que los sabios del estado
me creen incompetente
para llenar sus arcas
de gotas de cianuro,
me siento liberado.
Me siento liberado
ahora que duermo en los laureles
de una total indiferencia
por lo que piensen los otros.
Y esos cuadros de honor
que cuelgan de las paredes
de los lugares de culto
tienen hoy menos valor
que el rollo de papel higiénico
tan escaso
últimamente.
Me siento liberado.