Évano
Libre, sin dioses.
Medio siglo me abarca
y me abandona
en un claro de luna
que proyecta
los momentos donde fui
algo más
que un viejo retrovisor
de mí mismo.
Mientras avanzo, me rodea y aísla
la soledad del nombre,
soledad de mí mismo;
y seres intangibles como sombras
silentes que se esconden
en noches de mis ojos del ahora.
Ahora que titilan invisibles
al final de una luz que no palpita.
La fuerza que me resta
es nocturno abrazo a la memoria,
como soplo de viento sobre velas
navegando al final del horizonte.
El medio siglo me dice:
los días nunca soñaron,
fueron las almas de niño,
la de los cuerpos de nube
y de ilusiones prestadas
para la noche inocente
que somos ahora, y siempre.
y me abandona
en un claro de luna
que proyecta
los momentos donde fui
algo más
que un viejo retrovisor
de mí mismo.
Mientras avanzo, me rodea y aísla
la soledad del nombre,
soledad de mí mismo;
y seres intangibles como sombras
silentes que se esconden
en noches de mis ojos del ahora.
Ahora que titilan invisibles
al final de una luz que no palpita.
La fuerza que me resta
es nocturno abrazo a la memoria,
como soplo de viento sobre velas
navegando al final del horizonte.
El medio siglo me dice:
los días nunca soñaron,
fueron las almas de niño,
la de los cuerpos de nube
y de ilusiones prestadas
para la noche inocente
que somos ahora, y siempre.
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