Jhon Barros
Poeta adicto al portal
Entre el estudio y tu recuerdo me encuentro, peleando por disipar el uno y quedarme con el que debo. Absurda fabula es la vida, en donde uno trata de mostrarse ante la persona que ama de manera incesante, persuasiva y expresivamente, pero, cómo saber si la otra persona eso es lo quiere?, cómo saber si el sentimiento que a uno le embarga es el mismo que el otro siente?, no se puede saber, esa es sin duda la complejidad del sentimiento, porque aunque el uno entregue todo lo que por él es posible, la otra parte solo quiere sentirse libre.
La vida me ha enseñado que el sentimiento se trasmite demostrándolo, transmitiendo con caricias, con besos, con halagos todo lo que uno puede dar por la otra persona, no existe una manera de expresarse sentimentalmente, que no sea, con sentimiento. Suena redundante, tal vez suena estúpido, pero los seres humanos, nacimos bajo el concepto del amor, se conciben en las instancias más sublimes, despojándonos no solo de lo que al cuerpo envuelve, sino también despojándonos de miedos y temores que conllevan al momento de la entrega.
Es muy claro que el sentimiento te ata, te atrapa y vives dentro de una cárcel de necesidades que solo pueden ser llenadas por la otra parte que crea la necesidad, también es cierto que si no necesitas la presencia de nadie, es porque tu sentimiento no requiere ser atendido y lastimosamente para la otra persona, su sentimiento no es correspondido.
El ser humano necesita de calor, de aprecios, de halagos, es importante para él sentirse necesitado, es importante para él y para todos que no solo venimos al mundo, para consumir recursos agotables, si no que vinimos al mundo para amar y ser amados.
Bajo esta premisa de la vida, transcurre el tiempo y se consumen nuestros años, es así como el ser humano comete errores en la búsqueda de una relación que permita llenar el vacío existencial de cada uno de nosotros. Si alguna vez crees que el amor existe, por la existencia misma del ser humano, nos daremos cuenta que estamos muy equivocados, porque no puede existir amor, si no lo entregamos.