josealdebaran
Poeta fiel al portal
Hoy
no sé por qué
me embarga la melancolía.
Una tristeza
que sacude el cuerpo
como una melodía suave,
de esas que atraviesan el alma
y tensan el corazón
hasta hacerlo sangrar
como cuerdas de guitarra
heridas por el tacto.
En la nostalgia
veo aves cruzar mi horizonte,
regresan a su nidal
mientras una llovizna fina
desciende
y se confunde con mi lágrima cristalina,
marchándose en silencio
con la lluvia.
En mi magín
permanece el recuerdo delicado de tu imagen:
tu cuerpo cálido
que apenas rozo en sueños,
el beso suspendido en tu cuello
durante la noche silente,
la caricia contenida de mi tacto
que espera —sin osar—
buscar lo íntimo de tu secreto.
Pero cierro los ojos
y sólo queda
la penumbra.
Allá, a lo lejos,
percibo la sombra de tu figura
impregnada en la pared,
como una huella
que la noche se niega a borrar.
Es un sueño diáfano y etéreo:
tu encanto de mujer
que no puedo tener.
La tristeza nace
en los contornos del alma
y circunda el corazón
por no tenerte aquí,
por no saber de ti.
Esta angustia que crece en mi pecho
es la desesperanza de un amanecer
que apenas contará con tu imagen:
una pálida alegría
reflejada en la pared.
Esta noche
me acompañará el silencio,
el tenue titilar de las estrellas
en el firmamento lejano,
y la luna cansada,
oculta tras la nube.
Y tú no estarás.
Sólo estará
la sombra de tu imagen,
persistente,
viva,
irrevocable,
impregnada en la pared.
no sé por qué
me embarga la melancolía.
Una tristeza
que sacude el cuerpo
como una melodía suave,
de esas que atraviesan el alma
y tensan el corazón
hasta hacerlo sangrar
como cuerdas de guitarra
heridas por el tacto.
En la nostalgia
veo aves cruzar mi horizonte,
regresan a su nidal
mientras una llovizna fina
desciende
y se confunde con mi lágrima cristalina,
marchándose en silencio
con la lluvia.
En mi magín
permanece el recuerdo delicado de tu imagen:
tu cuerpo cálido
que apenas rozo en sueños,
el beso suspendido en tu cuello
durante la noche silente,
la caricia contenida de mi tacto
que espera —sin osar—
buscar lo íntimo de tu secreto.
Pero cierro los ojos
y sólo queda
la penumbra.
Allá, a lo lejos,
percibo la sombra de tu figura
impregnada en la pared,
como una huella
que la noche se niega a borrar.
Es un sueño diáfano y etéreo:
tu encanto de mujer
que no puedo tener.
La tristeza nace
en los contornos del alma
y circunda el corazón
por no tenerte aquí,
por no saber de ti.
Esta angustia que crece en mi pecho
es la desesperanza de un amanecer
que apenas contará con tu imagen:
una pálida alegría
reflejada en la pared.
Esta noche
me acompañará el silencio,
el tenue titilar de las estrellas
en el firmamento lejano,
y la luna cansada,
oculta tras la nube.
Y tú no estarás.
Sólo estará
la sombra de tu imagen,
persistente,
viva,
irrevocable,
impregnada en la pared.
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