DARIO ALVAREZ
Poeta asiduo al portal
Memorias de algún día
Cuando venga el otoño, les dirás a las hojas que aún cuelgan la rama, cuál fue el nombre mío y el de mi esperanza.
Le dirás a mi tierra que en su lecho bendito forjaron mis raíces y crecí hasta el árbol y los frutos. Le dirás que soy su hijo, que a ella debo la sagrada luz y el leño que me sustenta inclaudicable. Le recordarás también que soy su eterno dueño y ella es mi Amada.
Les contarás a mis límpidos ríos que los crucé convencido de la grácil mansedumbre de sus olas y avisté desde la orilla su peregrinaje al Chambo, al Amazonas.
Les dirás a los peces que sus burbujas incrustadas de vocales de oro, van del Ande al río Guayas, al Pacífico multiplicándose, más allá del horizonte hasta encontrarlo al sol en las Galápagos tinturando de azafrán sus muros, calentando sus iguanas y tortugas, escarbando caracolas en su arena.
Les dirás a mis bosques de sándalo y benjuí que guarden a la luna entre sus manos como preciada flor, porque nunca de ellos yo me fui sin abrazar su luz, sin bañarme en su perfume y su grisgrís.
Les dirás a las viajeras golondrinas que vuelen bajo, bajo para escucharlas presto su canción de invierno, antes que mis sentidos se distraigan o no las reconozcan.
Le dirás al viento que anude su corbata en el collado que da al sur del caserío y me lleve al portón de mi barraca en leve brisa porque mi barro se ha hecho frágil y cansado, y mi alma anhela su caricia, no su fuerza o su espectáculo de birabarquines grises taladrando el firmamento.
Les dirás que alguna vez me sorprendió la noche cantando en los trigales cual jilguero, que alguna vez en otros cielos mis cantos fueron la vespertina nota y mis alas pincel sobre este lienzo que pinta en la sien dulces recuerdos.
Les dirás que alguna vez peregrino fui buscando abrigo y en el camino por donde llegan las beldades, vi cruzar ave perdida. Que alguna vez desde el azul collado divisé mi pueblo andino, y levando mi voz,… emocionado, a él volví para abrazarlo.
Les dirás que también en mis ojos ha rayado la nostalgia y he vertido una lágrima por la agonía de la tierra y los dolores del mundo. Les dirás que el oro de la tarde extendido en los cielos de agosto, mostró mi soledad, pintó mis canas.
Le dirás al vientre de la mujer que amo, que en él aún aguarda un hijo mío, ese hijo que trae la luz para las últimas horas de mi tarde.
Le dirás al escritor de los “Labios Sonámbulos” mirando firmemente su retrato, que lo leí mil veces y mil veces me gustó su exquisitez, su pluma.
Le dirás a mi Dios crucificado que creo en Él, en su amoroso corazón, en su consuelo y que le pido perdón antes que el aceite de mi lumbre se acabe.
En Riobamba, mientras crece la luna y traza mi pluma sus últimos efluvios…
Octubre 06 del 2014.
AUTOR: DARÍO ALVAREZ
PAÍS ORIGEN: ECUADOR
Cuando venga el otoño, les dirás a las hojas que aún cuelgan la rama, cuál fue el nombre mío y el de mi esperanza.
Le dirás a mi tierra que en su lecho bendito forjaron mis raíces y crecí hasta el árbol y los frutos. Le dirás que soy su hijo, que a ella debo la sagrada luz y el leño que me sustenta inclaudicable. Le recordarás también que soy su eterno dueño y ella es mi Amada.
Les contarás a mis límpidos ríos que los crucé convencido de la grácil mansedumbre de sus olas y avisté desde la orilla su peregrinaje al Chambo, al Amazonas.
Les dirás a los peces que sus burbujas incrustadas de vocales de oro, van del Ande al río Guayas, al Pacífico multiplicándose, más allá del horizonte hasta encontrarlo al sol en las Galápagos tinturando de azafrán sus muros, calentando sus iguanas y tortugas, escarbando caracolas en su arena.
Les dirás a mis bosques de sándalo y benjuí que guarden a la luna entre sus manos como preciada flor, porque nunca de ellos yo me fui sin abrazar su luz, sin bañarme en su perfume y su grisgrís.
Les dirás a las viajeras golondrinas que vuelen bajo, bajo para escucharlas presto su canción de invierno, antes que mis sentidos se distraigan o no las reconozcan.
Le dirás al viento que anude su corbata en el collado que da al sur del caserío y me lleve al portón de mi barraca en leve brisa porque mi barro se ha hecho frágil y cansado, y mi alma anhela su caricia, no su fuerza o su espectáculo de birabarquines grises taladrando el firmamento.
Les dirás que alguna vez me sorprendió la noche cantando en los trigales cual jilguero, que alguna vez en otros cielos mis cantos fueron la vespertina nota y mis alas pincel sobre este lienzo que pinta en la sien dulces recuerdos.
Les dirás que alguna vez peregrino fui buscando abrigo y en el camino por donde llegan las beldades, vi cruzar ave perdida. Que alguna vez desde el azul collado divisé mi pueblo andino, y levando mi voz,… emocionado, a él volví para abrazarlo.
Les dirás que también en mis ojos ha rayado la nostalgia y he vertido una lágrima por la agonía de la tierra y los dolores del mundo. Les dirás que el oro de la tarde extendido en los cielos de agosto, mostró mi soledad, pintó mis canas.
Le dirás al vientre de la mujer que amo, que en él aún aguarda un hijo mío, ese hijo que trae la luz para las últimas horas de mi tarde.
Le dirás al escritor de los “Labios Sonámbulos” mirando firmemente su retrato, que lo leí mil veces y mil veces me gustó su exquisitez, su pluma.
Le dirás a mi Dios crucificado que creo en Él, en su amoroso corazón, en su consuelo y que le pido perdón antes que el aceite de mi lumbre se acabe.
En Riobamba, mientras crece la luna y traza mi pluma sus últimos efluvios…
Octubre 06 del 2014.
AUTOR: DARÍO ALVAREZ
PAÍS ORIGEN: ECUADOR