¡Qué magnífico tema! El soneto inmortal de Federico, más un nuevo misterio en la exégesis lorquiana, y, por si fuera poco, un excelente soneto de nueva creación. ¿Se puede pedir más? ¡Mis más sinceras felicitaciones al descubridor/creador Musador!
Yo, que llevo toda la vida leyendo a Lorca, no había reparado en esa rima defectuosa hasta que Musador lo apreció hace pocos días en el tema de los gráficos para el ritmo del soneto. Y ahora me encuentro con esta sugerente hipótesis acerca de "la censura del plural". Ciertamente añadir las tres "s" que corrigen la rima dota al soneto de un cariz mucho más oscuro que concuerda perfectamente con el tono y el título de los lonetos lorquianos. Me parece que tiene mucho sentido.
Lo que ya no veo tan claro es que ello se deba a una obra de censura de algún allegado. Y eso por dos razones.
Primera. El cambio del plural al singular es tan sutil que no estoy seguro de que alguien se pueda haber molestado en hacerlo. Me explico: comparado con el singular, el plural es ciertamente más "oscuro"; pero no creo que a nadie se le hubiese ocurrido sin tener presente el singular, como lo tenemos nosotros ahora que los sonetos son conocidos. El plural sólo es "incómodo" si disponemos de la versión en singular...
Segunda (y principal). Si hubo alguien tan avispado como para hacer esta maniobra, ¿cómo es posible que no se ocupara de censurar el verso que es, sin duda, el más comprometedor e indiscreto de toto el ciclo de los sonetos de Lorca? Me refiero al segundo verso del soneto conocido como "El amor duerme en el pecho del poeta":
Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Era realmente fácil convertirlo a
Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y te has dormido.
En definitiva: si se ocuparon de censurar el error sutil del soneto de la carta, ¿cómo se les escapó el mucho más evidente del amor dormido?
A propósito de esto conviene recordar que el ciclo de sonetos nunca fue publicado como tal por el autor, sino que éstos estuvieron durante cierto tiempo
sólo al alcance estrictamente oral de los más íntimos (Eutimio Martín,
El oficio de poeta. Miguel Hernández, Santillana, Madrid 2010, p. 359). En tal caso es posible que los dos sonetos comprometedores que he mencionado no estuvieran de hecho en las mismas manos, y de ahí el muy diferente nivel de censura, al hilo de mil y una "oscuras" peripecias que quizá nunca conoceremos del todo.
En cuanto a la hipótesis "del descuido", es quizá poco probable, aunque para mí no disparatada. No hay más que echar un vistazo a los manuscritos de diversas obras lorquianas para cerciorarse de hasta qué punto podía ser caótico y cambiante nuestro poeta; máxime cuando, como en el caso de los sonetos, era él consciente de que los primeros manuscritos no eran la copia definitiva para dar a imprenta.
Pero claro, todo esto no es más que aventurada hipótesis mientras no dispongamos de ediciones facsímiles y críticas de la poesía de madurez de Lorca, una de las asignaturas pendientes de los estudios lorquianos, muchas veces más volcados en el teatro que en la poesía.