Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Los hay que ni callados dicen nada,
los hay que ni en la fosa
te dan para otra cosa
que para dos cocidos;
los hay que te la meten tan doblada
que te abren un boquete;
los hay que al ver lo escaso de los votos recibidos,
por uno cuentan siete.
Los hay que ponen tierra de por medio,
los hay que ponen trabas;
los hay tan “tontolabas”
que creen en el futuro;
los hay que hasta al demonio causan tedio,
los hay toca cojones;
los hay que aunque se rompan la cabeza contra un muro,
ni sangran los cabrones.
Los hay que creen saber y nada saben
de cierto cabalmente;
los hay que van de frente
tan sólo si es de espaldas;
los hay que más defectos no les caben
cantando sus virtudes;
los hay que se la meten a cualquier cosa con faldas,
y a ti como estornudes.
Los hay que sólo van si va Vicente,
los hay que se prodigan
en ser lo que otros digan;
los hay que se empecinan
en no poner el puto intermitente;
los hay equivocados,
los hay que ni a porrazos lo que empiezan lo terminan,
y calvos rasurados.
Los hay que por temor a su ignorancia
se ponen mascarillas;
los hay lenguacuchillas,
los hay que hacen oficio
del noble arte español de la vagancia;
e incluso hay majaretas
como este que les habla, mercaderes del suplicio,
que intentan ser poetas…
los hay que ni en la fosa
te dan para otra cosa
que para dos cocidos;
los hay que te la meten tan doblada
que te abren un boquete;
los hay que al ver lo escaso de los votos recibidos,
por uno cuentan siete.
Los hay que ponen tierra de por medio,
los hay que ponen trabas;
los hay tan “tontolabas”
que creen en el futuro;
los hay que hasta al demonio causan tedio,
los hay toca cojones;
los hay que aunque se rompan la cabeza contra un muro,
ni sangran los cabrones.
Los hay que creen saber y nada saben
de cierto cabalmente;
los hay que van de frente
tan sólo si es de espaldas;
los hay que más defectos no les caben
cantando sus virtudes;
los hay que se la meten a cualquier cosa con faldas,
y a ti como estornudes.
Los hay que sólo van si va Vicente,
los hay que se prodigan
en ser lo que otros digan;
los hay que se empecinan
en no poner el puto intermitente;
los hay equivocados,
los hay que ni a porrazos lo que empiezan lo terminan,
y calvos rasurados.
Los hay que por temor a su ignorancia
se ponen mascarillas;
los hay lenguacuchillas,
los hay que hacen oficio
del noble arte español de la vagancia;
e incluso hay majaretas
como este que les habla, mercaderes del suplicio,
que intentan ser poetas…
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