México y el terremoto

Guerrion

Poeta que considera el portal su segunda casa
Como tantas otras veces, desde la distancia le escribo letras a mi patria, al inolvidable Mexico de mi vida. Y así no sean fáciles de encontrar, estas palabras vienen de una estación que llaman, del alma. Desde luego, duelen por lo que ahora mi tierra está pasando, por las almas que huyeron, y más, por la de los inocentes que apenas empezaban.

En si, no sé cómo continuar opinando sobre los terremotos cuando, en mi vida, todavía llevo el sin saber sobre de tales acontecimientos o de que estos, en pocos segundos, acaban muchas vidas y largos sueños. Por eso, el corazón, el cerebro y mi espíritu, a una misma vez, suspiran con un inmenso silencio y un pensar triste, pero, a su vez, claros en las alegrías o excepciones tales que nos hacen latinoamericanos.

El problema que encuentro, al escribir, muy seguido, es mi inhabilidad de no poder arreglar bien lo que leen, o no ser capaz de hacer que no se pierdan en lo que pienso,..en mis ideas. Ojala, pues, estas palabras, a comparación de las demas, tengan un sentir que cuente algo nuevo, de mi amor por el país que no sólo me dio cultura o riquezas simples, sino la bendición de haber nacido y vivido, en él, ese amor que nunca se nos olvida y las primeras notas que, si antes no las entendía, si las sentía como un imán o un algo interplanetario que todavía vive dentro de mi alma.

Pachamama bella,
sé que para la vida,
como tú, no hay dos;
también que, como Mexico,
no hay par.

México lindo,
símbolo de mitos
e inspirados gritos
puestos ya en mi alma.

Mí Mejico, soy tu raíz,
regustos del tequila en venas y
en partes de la nada.

Azteca soy,
labores, cantos y alegrías
por las yanquies soledades
que tantos sueñan conocer.

Metztli bello,
mis palabras no alcanzan
para describir tu hisoria.

Fidel Guerra,
 
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