Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las paredes se han vestido de tristeza.
Nuestra casa se ha llenado de soledad.
El silencio retumba en mis oídos
ya no hay nadie con quien conversar.
Los cuadros que un día colgaste
han dejado de enseñar.
Las ventanas que un día pusiste
han dejado de mirar.
Nuestra puerta se ha quedado abierta
sin nadie que la pueda cerrar.
Nuestros hijos han seguido sus sueños
en una lejana ciudad,
mientras yo me he quedado esperando
verlos a casa regresar.
Es difícil adaptarse a los cambios
a todo lo que ya no está,
a sentirme y verme tan sola
sin nadie que me pueda consolar.
Me abrazo a tu recuerdo en penumbra
tratando de no llorar,
eres lo único que me queda,
que me pueda acompañar.
Me escuchas aunque no me contestes,
me cuidas aunque no te pueda mirar,
vas conmigo a todas partes,
porque eres mi ángel guardián.
Mi fantasma preferido,
mi mejor amigo y demás,
alguien que me pertenece
y que sé, que nunca se irá.
Nuestra casa se ha llenado de soledad.
El silencio retumba en mis oídos
ya no hay nadie con quien conversar.
Los cuadros que un día colgaste
han dejado de enseñar.
Las ventanas que un día pusiste
han dejado de mirar.
Nuestra puerta se ha quedado abierta
sin nadie que la pueda cerrar.
Nuestros hijos han seguido sus sueños
en una lejana ciudad,
mientras yo me he quedado esperando
verlos a casa regresar.
Es difícil adaptarse a los cambios
a todo lo que ya no está,
a sentirme y verme tan sola
sin nadie que me pueda consolar.
Me abrazo a tu recuerdo en penumbra
tratando de no llorar,
eres lo único que me queda,
que me pueda acompañar.
Me escuchas aunque no me contestes,
me cuidas aunque no te pueda mirar,
vas conmigo a todas partes,
porque eres mi ángel guardián.
Mi fantasma preferido,
mi mejor amigo y demás,
alguien que me pertenece
y que sé, que nunca se irá.
Última edición: