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Mi cartilla (Soneto)

Rafael Llamas Jimenez

Poeta veterano en el portal
Mi cartilla (Soneto)


Todavía conservo la cartilla
de mis años de tiza y lapicero,
¡suficientes, notables y algún cero!
alumno de conducta muy sencilla.

La Lengua, ¡asignatura maravilla!
Don Eduardo, un maestro romancero,
amante de las letras y el tintero
de mi amor por la pluma fue semilla.

Amarilla, tan vieja y entrañable
de aquella educación años setenta,
su añoranza pupitre es imborrable.

Mi vida de escolar en ti sustenta
aquella mi ilusión interminable
por cumplir escribiendo “los noventa”.


Rafael Llamas Jiménez
 
Última edición:
Mago, qué bello recuerdo, qué buen destino ha tenido la pasión de aquél maestro. Para un docente no hay mejor premio.
Me recordaste a Camus, cuando en la única carta de agradecimiento que se le conoce, después de haber recibido el Premio Nobel, le escribió a su maestro:

París, 19 de noviembre de 1957

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido. Un abrazo con todas mis fuerzas,

Albert Camus
Pero yo creo que la mejor semblanza la escribió en su libro póstumo, El primer hombre, que te recomiendo leer si ya no lo has hecho, es una joya que te encantará, te dejo un extracto jugoso del capítulo La escuela.

En la clase del señor Bernard por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía
para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les
enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un
alimento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del señor Germain
, sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los
juzgaba dignos de descubrir el mundo. Más aún, el maestro no se dedicaba solamente a
enseñarles lo que le pagaban para que enseñara: los acogía con simplicidad en su vida
personal, la vivía con ellos contándoles su infancia y la historia de otros niños que había
conocido.
Amigo, te deseo que algún día ganes el Nobel, y puedas leer este poema tuyo cuando lo recibas.
Abrabesos.
 
Mago, qué bello recuerdo, qué buen destino ha tenido la pasión de aquél maestro. Para un docente no hay mejor premio.
Me recordaste a Camus, cuando en la única carta de agradecimiento que se le conoce, después de haber recibido el Premio Nobel, le escribió a su maestro:

París, 19 de noviembre de 1957

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido. Un abrazo con todas mis fuerzas,

Albert Camus
Pero yo creo que la mejor semblanza la escribió en su libro póstumo, El primer hombre, que te recomiendo leer si ya no lo has hecho, es una joya que te encantará, te dejo un extracto jugoso del capítulo La escuela.

En la clase del señor Bernard por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía
para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les
enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un
alimento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del señor Germain
, sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los
juzgaba dignos de descubrir el mundo. Más aún, el maestro no se dedicaba solamente a
enseñarles lo que le pagaban para que enseñara: los acogía con simplicidad en su vida
personal, la vivía con ellos contándoles su infancia y la historia de otros niños que había
conocido.
Amigo, te deseo que algún día ganes el Nobel, y puedas leer este poema tuyo cuando lo recibas.
Abrabesos.
Muchas gracias, mí querida amiga Ropitella, por tu lectura y por este bello y emocionante comentario que me regalas. Para mi es una joya y te agradezco en el alma que lo hayas compartido.

Este es un soneto que le he escrito a mi cartilla escolar. Creo que se me ha ido un poco del tintero, no lo sé, pero conforme lo iba escribiendo me embargaba la añoranza y el recuerdo de Don Eduardo, mi profesor de Lengua Española.

Siempre nos leía un poema, y yo mientras lo escuchaba se me iba el santo al cielo, deseando que tocara la sirena para ir al recreo y ponerme a escribir.

Esta tarde he abierto la carpeta donde guardo “mis tesoros”, mis recuerdos, mis primeros escritos, mis primeros poemas, y Don Eduardo estaba en todos ellos.

Muchas gracias, amiga. Ya no sé como agradecerte tanto.
Un abrazo muy grande
 
Muchas gracias, mí querida amiga Ropitella, por tu lectura y por este bello y emocionante comentario que me regalas. Para mi es una joya y te agradezco en el alma que lo hayas compartido.

Este es un soneto que le he escrito a mi cartilla escolar. Creo que se me ha ido un poco del tintero, no lo sé, pero conforme lo iba escribiendo me embargaba la añoranza y el recuerdo de Don Eduardo, mi profesor de Lengua Española.

Siempre nos leía un poema, y yo mientras lo escuchaba se me iba el santo al cielo, deseando que tocara la sirena para ir al recreo y ponerme a escribir.

Esta tarde he abierto la carpeta donde guardo “mis tesoros”, mis recuerdos, mis primeros escritos, mis primeros poemas, y Don Eduardo estaba en todos ellos.

Muchas gracias, amiga. Ya no sé como agradecerte tanto.
Un abrazo muy grande
Sí que sabes, lo único que espero es seguir disfrutando de tu arte, sabes que la poesía eleva el espíritu, y tú la canalizas maravillosamente, también sé que te esfuerzas por hacerlo cada día mejor, eso no tiene precio Rafael, es muy admirable tu humildad. Los talentos son para entregarlos lo más pulidos que se pueda. A ti se te ha otorgado uno muy grande. Te admiro Poeta y debo ser yo la más agrdecida por contarte entre mis amistades más caras del respeto Abrabesos
 
Dicen que no es malo el sastre que reconoce el paño, y tú ensalzas a tu querido maestro `por encima de tu gloria.
Benditos aquellos recreos en que la pluma latía sangre y hoy es estrella bajo este cielo de miradas.
Un placer leerte RAFA, alabado sea D. Eduardo por ser la chispa que encendió al cohete.
Mi paz alegre te dejo.
Vidal
 
Sí que sabes, lo único que espero es seguir disfrutando de tu arte, sabes que la poesía eleva el espíritu, y tú la canalizas maravillosamente, también sé que te esfuerzas por hacerlo cada día mejor, eso no tiene precio Rafael, es muy admirable tu humildad. Los talentos son para entregarlos lo más pulidos que se pueda. A ti se te ha otorgado uno muy grande. Te admiro Poeta y debo ser yo la más agrdecida por contarte entre mis amistades más caras del respeto Abrabesos
 
Así es, amiga Ropittella, en eso llevas toda la razón. Cada día me esfuerzo más para escribir mejor, para devolveros el tiempo y dedicación que empleáis en mis poemas.

Aunque también tengo que confesar que publico todo lo que escribo, no me guardo nada, aunque el poema no merezca ser reconocido yo lo comparto, porque así soy yo, así siento la poesía, sin mascara, sin pretensiones.

Nunca he buscado el halago, aunque siempre me ha reconfortado mucho el guiño del amigo, la sonrisa del maestro que ve como mi poesía crece gracias a sus apuntes, eso si me hace feliz. Creo que no es bueno sacar siempre un sobresaliente, el suspenso también es necesario.

Gracias de nuevo, amiga. Eres muy importante en mi poesía y sobre todo en mi corazón amigo.
Un abrazo grande
 
Última edición:
Que tal Rafael,

Te agradezco por una amena lectura. A mi también me hiciste recordar a mi maestro de español de mi enseñanza secundaria que me alentó a escribir y pacientemente revisó mis tímidos intentos de poemas que fueron precursores de lo que ahora escribo.

Recibe un saludo agradecido de mi parte.

Saludos

Javier
 
Hola Rafael: Maravillosa añoranza plasmas en tu simpático soneto,
también le tengo dedicado uno a mi maestro, por su dedicación en
unas condiciones adaptadas a los años cincuenta, con ochenta niños
y de diversas edades, donde el solo debía bregar con todos, una hazaña
que los maestros de hoy no se lo creen. Ha sido un placer leerte. Amadeo.
 
jejej, yo no tuve la suerte de tener un profesor que recitara versos, pero sí uno que te tiraba los tacos de madera si te despistabas, y en eso era de los primeros, porque yo si que estaba en las nubes, en mis inspiraciones, jajajaja, nunca recibí un cero, pero sí algun que otro taco de madera, sobre todo en los 70, jajajaja, un buen soneto amigo Rafael, Un placer leerte amigo.
Abrazos.
 
Un hermoso soneto, Rafael. Parte importante de este menester poético es el hallazgo de un buen hecho poético, algo que merezca unos versos; te destacas en esos hallazgos, en este caso el de una vieja cartilla escolar (por aquí les decimos «boletines»).

Un solo detalle te señalo: al final del quinto verso no corresponde el «.». Nunca se debe poner punto tras signo de admiración o de pregunta, la mayúscula que sigue determina si el signo cierra o no el período.

abrazo
Jorge
 
Un soneto que evoca esos años idos Rafael. Siempre paso a leerte, haces magnifica poesía! Un abrazo poeta!
 
Mi cartilla (Soneto)


Todavía conservo la cartilla
de mis años de tiza y lapicero,
¡suficientes, notables y algún cero!
alumno de conducta muy sencilla.

La Lengua, ¡asignatura maravilla!
Don Eduardo, un maestro romancero,
amante de las letras y el tintero
de mi amor por la pluma fue semilla.

Amarilla, tan vieja y entrañable
de aquella educación años setenta,
su añoranza pupitre es imborrable.

Mi vida de escolar en ti sustenta
aquella mi ilusión interminable
por cumplir escribiendo “los noventa”.


Rafael Llamas Jiménez
Mi cartilla (Soneto)


Todavía conservo la cartilla
de mis años de tiza y lapicero,
¡suficientes, notables y algún cero!
alumno de conducta muy sencilla.

La Lengua, ¡asignatura maravilla!
Don Eduardo, un maestro romancero,
amante de las letras y el tintero
de mi amor por la pluma fue semilla.

Amarilla, tan vieja y entrañable
de aquella educación años setenta,
su añoranza pupitre es imborrable.

Mi vida de escolar en ti sustenta
aquella mi ilusión interminable
por cumplir escribiendo “los noventa”.


Rafael Llamas Jiménez
Ayyy Rafael todos conservamos en el alma esos recuerdos de nuestra niñez ligados muchos de ellos al colegio, a nuestros queridos maestros con los que hemos pasado muchos momentos de aprendizaje de la vida, ellos han sido nuestros primeros amigos, nuestros primeros admiradores y los que nos han animado a tirar palante y a mirar con confianza el futuro venidero. Yo toda la vida la he pasado en el cole, antes de alumna y ahora de maestra y quiero a mis alumnos con verdadero cariño, y les echo de menos cuando estamos de vacaciones, es algo muy hermoso que valoro intensamente. Me ha encantado leerte mi querido amigo. Besazos llenos de admiración y de cariño.
 
Dicen que no es malo el sastre que reconoce el paño, y tú ensalzas a tu querido maestro `por encima de tu gloria.
Benditos aquellos recreos en que la pluma latía sangre y hoy es estrella bajo este cielo de miradas.
Un placer leerte RAFA, alabado sea D. Eduardo por ser la chispa que encendió al cohete.
Mi paz alegre te dejo.
Vidal
Muchas gracias, mi estimado amigo, Vidal, por tu lectura y por tus bellas y generosas palabras. Muy agradecido siempre por todo.
Un abrazo grande
 
Que tal Rafael,

Te agradezco por una amena lectura. A mi también me hiciste recordar a mi maestro de español de mi enseñanza secundaria que me alentó a escribir y pacientemente revisó mis tímidos intentos de poemas que fueron precursores de lo que ahora escribo.

Recibe un saludo agradecido de mi parte.

Saludos

Javier
Muchas gracias, Javier, por tu lectura y por tus palabras. Muy agradecido siempre por todo.
Un abrazo
 
Hola Rafael: Maravillosa añoranza plasmas en tu simpático soneto,
también le tengo dedicado uno a mi maestro, por su dedicación en
unas condiciones adaptadas a los años cincuenta, con ochenta niños
y de diversas edades, donde el solo debía bregar con todos, una hazaña
que los maestros de hoy no se lo creen. Ha sido un placer leerte. Amadeo.
Muchas gracias, Amadeo, por tu lectura y por tus palabras.
Muy agradecido siempre por todo.
Saludos
 

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